Salven a la iguana

Hoy es uno de esos días que marcarán en buena medida el futuro del país en los próximos años. Como tantos otros, muy probablemente pasará de agache, advertido apenas por un par de obsesionados. Está en juego la puja por la elección de la nueva Junta Directiva de Ecopetrol, la empresa más importante del país y la que más dinero en exportaciones le trae a los colombianos. 

“Estas son las elecciones más importantes en la historia de Ecopetrol”, dicen algunos, como siempre se dice cada vez que hay elecciones de cualquier tipo, con la particularidad de que en esta ocasión pueden no estar tan equivocados. El antecedente difícilmente podría ser peor: acciones por el piso, un tecnicismo desterrado desde algún tiempo y una deuda que se come a la empresa por dentro. 

En 2024, aproximadamente en la mitad del mandato de Petro, la firma evaluadora de riesgos Control Risks le elaboró un informe a Ecopetrol —que en principio era confidencial, pero que rápidamente se filtró en la agenda mediática— sobre el estado de la empresa. La conclusión de aquel informe fue radical: Ricardo Roa tenía que renunciar, no había ningún escenario posible en el que la salud corporativa de la empresa saliera bien librada con él al frente. 

Finalmente Roa se quedó y Ecopetrol sufrió las consecuencias. Colombia no volvió a firmar contratos de exploración y explotación de petróleo, paradójicamente, teniendo una alta dependencia en las finanzas públicas de ese producto. Sin una reposición de las reservas, cada barril que se vende en el exterior, en lugar de volver a la empresa más rica, la convierte en más pobre.

En este momento la petrolera enfrenta una deuda que es casi equivalente a la mitad de su valor. Tanta es la zozobra que incluso se ha hablado de vender parte de la participación que tiene la nación para, exclusivamente, amortizar deuda.

La Junta Directiva que hoy se define elegirá al próximo presidente de la compañía. Su misión primaria será rescatar a la iguana que yace penando en el cuarto círculo del infierno, el lugar donde la fueron a llevar los pródigos que la antecedieron. Con una cándida esperanza y una inocencia intencionada solo me queda elevar una plegaria: ojalá se logre. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-miguel-giraldo/

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