La machósfera de la presidencia
¿Qué dice de un candidato presidencial que crea que puede conquistar el voto femenino insinuando el tamaño de sus genitales? No es solo vulgaridad. Es una visión profundamente machista de las mujeres y de la política.
Cuando un hombre reduce la cuota femenina a una reacción física frente a su cuerpo, también reduce a las mujeres a seres incapaces de decidir políticamente con criterio y convicción. Las convierte en un electorado superficial, manipulable por el deseo y no por las propuestas, No las reconoce como ciudadanas; las trata como espectadoras.
Mientras el país debería estar discutiendo empleo, inseguridad, salud o educación, la conversación terminó girando alrededor de una fotografía con doble sentido del candidato presidencial Abelardo de la Espriella y de una entrevista donde, entre risas y comentarios sexualizados, insistía a una periodista para que mirara la imagen mientras le repetía frases como “no seas tímida”.
Después llegaron las disculpas públicas y el clásico “no fue mi intención”. Pero el problema nunca fue únicamente el comentario, el problema es la naturalización, no solo del candidato presidencial, sino de todos los espectadores, pues nos acostumbramos tanto al machismo en la política que ya parece parte del espectáculo electoral, de la estrategia para hacerse visible, del proselitismo. Como si ser agresivo, vulgar o sexualmente invasivo fuera sinónimo de carácter, de hombre valeroso, de macho, de tigre. Porque sí, la masculinidad exagerada se convirtió en una propuesta política.
En otra entrevista, el mismo candidato respondió de forma alterada y despectiva a una periodista que le hacía preguntas incómodas. El tono agresivo, la incapacidad de aceptar cuestionamientos y la reacción impulsiva reflejan una idea peligrosa del poder: la del hombre que no tolera ser contradicho o como decimos coloquialmente un señor “mecha corta”
Y a Abelardo se le olvida que el debate funciona al contrario, porque a un presidente hay que poder cuestionarlo y confrontarlo y un candidato incapaz de tolerar el cuestionamiento de una periodista, difícilmente podrá manejar un país lleno de crisis y desacuerdos.
Estamos entrando en una etapa donde la política se parece más a la machósfera de internet: una competencia permanente por demostrar quién es más agresivo, más dominante o, simbólicamente, quién “la tiene más grande”. Es preocupante que parte de la opinión pública celebra este comportamiento y lo llaman “seguridad”, “autenticidad” o “temperamento” pero solo es machismo disfrazado de autoridad.
Colombia no necesita candidatos que sexualicen entrevistas, humillen periodistas o conviertan su intimidad en estrategia electoral. Necesita propuestas reales, debates serios y líderes capaces de entender que gobernar un país exige mucho más que performar masculinidad frente a las cámaras.
Porque entre tanto ruido y testosterona, el país dejó de hablar de lo importante.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/tania-torres/