La encuesta de Invamer con la que nos levantamos hoy tiene varios puntos que es imperativo poner sobre la mesa:
- La base del petrismo es fiel y está contada. El mismo 30% que respalda al presidente en los sondeos está con Cepeda de cara al 26.
- Abelardo es el hombre fuerte de la derecha, por encima de los candidatos del CD, de Vicky Dávila o de los de centroderecha. No obstante, en un escenario de segunda vuelta no crece.
- Fajardo se ha desinflado por la polarización que hace puntear a Cepeda y a Abelardo, pero sigue siendo el único que realmente le da pelea al petrismo en segunda.
- Es el momento de las alianzas. Quienes están por debajo del 4% difícilmente crecerán, y su presencia innecesaria solo fortalece a los extremos.
Como lo he manifestado en varias columnas de este medio, mi candidato es Sergio Fajardo. Estoy convencido de que es la mejor opción para liderar a Colombia en estos tiempos difíciles: por su probada experiencia en la gestión pública, por su talante decente e íntegro y por su visión de país basada en la educación, la transparencia y la sensatez. No obstante, también estoy seguro de que el purismo en política no construye puentes; por el contrario, bloquea alianzas y diluye las opciones reales de ser gobierno.
Con esto no quiero decir que “todo vale”, ni que haya que renunciar a los principios, pero sí que es necesario tomar decisiones pragmáticas. El talón de Aquiles de Fajardo sigue siendo su intransigencia: su incapacidad, hasta ahora, de convertirse en un polo de convergencia amplio. Si se repite ese patrón, difícilmente la historia será distinta a la de 2018 y 2022. El momento del país exige grandeza, generosidad y liderazgo capaz de sentar a sectores diversos en una misma mesa.
Sergio ha dicho que hasta diciembre no contempla la posibilidad de alianzas.
Querido Sergio: hoy es lunes 1 de diciembre, y lo que nos dice la encuesta es clarísimo. En segunda vuelta tenés el camino allanado, pero solo no pasás de primera. Hay que empezar a recoger enanos, a sintonizar con los dolores del país desde el discurso y desde la acción; a saber navegar los lodos y pantanos de nuestra política enrevesada; a emocionar, pero también a indignar, porque en esa emocionalofad —esa mezcla de emoción y enfado— los extremos nos vienen ganando hace rato.
Pero, sobre todo, querido Sergio, hay que generar convergencia. No desde el cálculo frío, sino desde la convicción de que Colombia merece una alternativa sensata que no renuncie a la firmeza ni a la esperanza.
Fajardo tiene hoy una oportunidad que pocas veces se repite en política: ser el punto medio que detenga la voracidad de los extremos y recupere el centro como espacio de soluciones reales. Pero esa oportunidad no se concreta sola. Requiere audacia, apertura y decisión. Requiere, en suma, hacer política de verdad.
PD: ojo con Robledo. Puede ser un tipo leal a la campaña, pero es profundamente nocivo para el proyecto de país que decís defender. No lo dejés marcarte la agenda.
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