La economía del país está en juego. Estas elecciones han sido las más movidas que recuerdo, no solo por las peleas y los discursos extremistas, sino por los panoramas catastróficos en materia económica, las primeras en mucho tiempo sin un solo debate decente entre los candidatos.
No comparto el discurso de ninguno de los dos candidatos que pasaron a segunda vuelta. Abelardo es indiscutiblemente extremista, me cuesta escucharlo y sé que sus alocuciones presidenciales me costarían muchísimo, sin imaginar la dosis de egocentrismo que tendría después de ganar. Cepeda representa una visión del país que tampoco comparto, extrema y agresiva, enfocada en liderar al 50% que comparte su visión y excluyente con el otro 50%, sin contar los riesgos a la democracia que ha demostrado tener en algunos ideales.
Más que el discurso político, es el económico el que más me preocupa. Vale la pena mirar lo que cada campaña puso sobre la mesa. Colombia llega a esta segunda vuelta con un déficit fiscal del 6,4% del PIB en 2025, y según el Comité Autónomo de la Regla Fiscal el próximo gobierno tendrá que hacer un ajuste cercano al 4% del PIB, el más exigente en décadas.
Cepeda propone profundizar la agenda actual: más intervención estatal, redistribución, reforma agraria, y desplazar el peso del extractivismo hacia el agro y la economía popular. Su agenda social la financiaría con más control de la evasión vía Dian y austeridad en el gasto de funcionamiento. En inversión apuesta a un Estado más presente como motor; su reto es convencer a los mercados de que convive con la sostenibilidad fiscal y la calificación crediticia. Abelardo propone lo opuesto: esquema proempresa, reducción del Estado en cerca del 40%, recorte estructural de 31,8 billones, fortalecimiento de la Regla Fiscal, déficit por debajo del 3,5% del PIB y deuda sobre PIB por debajo del 55% para 2030. En inversión habla de simplificación regulatoria, baja de impuestos a empresas, zonas económicas especiales y reactivación de hidrocarburos. Su reto es explicar cómo financia un ajuste tan grande con menos impuestos.
Son dos modelos distintos sobre el papel, pero el Observatorio Fiscal de la Universidad Javeriana concluyó que ninguno presenta estimaciones fiscales detalladas ni mecanismos concretos de implementación. Y en el caso de Abelardo, su programa hay que leerlo con el filtro de un candidato dispuesto a decir lo que sea para ganar; sus cifras pueden cambiar tanto como las encuestas. Cepeda, para bien o para mal, lleva años defendiendo las mismas ideas, pero no dejan de ser agresivas, y en lo personal, no me representan en muchos sentidos.
Mis preocupaciones puntuales están en otro plano, el de las instituciones y los contrapesos.
Me preocupa un Cepeda con mayorías en el congreso habilitadas para aprobar reformas a la salud, a la pensión y tributarias, agresivas con la empresa privada, con los emprendimientos que buscan formalizarse y con los «ricos» , donde el 3.3% del país cuenta como clase alta con ingresos mensuales mayores a cuatro millones de pesos (muy por debajo de lo que ganaría un trabajador con una salario bajo en países desarrollados).
Me preocupa la capacidad de gobernar con instituciones que tienen nombramientos persistentes del gobierno actual, y que con continuidad y mal manejo pueden aprobar constituyentes, decretos y políticas autoritarias sin contrapeso real.
Pero hay algo que me preocupa más: la autonomía del Banco de la República, cuya tarea constitucional es velar por el poder adquisitivo de la moneda. Suena simple, pero es tan crucial que la Constitución del 91 creó una entidad únicamente dedicada a eso y la blindó del ciclo político.
Petro repite que el Banco está controlado por las élites y no piensa en el pueblo, pero cada decisión del Banco responde a preservar el valor del dinero que ese mismo pueblo usa. Con la canasta familiar al alza, costos de producción altos y una crisis de agricultura y transporte agravada por la gasolina y choques climáticos, evitar que los precios se disparen es la decisión económica más importante del país.
Me dirán, Carolina, ¿en qué sentido Cepeda puede amenazar eso? Las decisiones del Banco sobre la tasa de interés se toman por mayoría en una junta de siete miembros: el ministro de Hacienda, que la preside, el gerente general y cinco codirectores nombrados por el presidente para periodos fijos de cuatro años, prorrogables. Por ley, el presidente solo puede cambiar dos codirectores al inicio de su mandato. Es un diseño pensado para que ningún gobierno tenga por sí solo la mayoría.
Petro ya nombró a tres codirectores, Laura Moisá, César Giraldo y Olga Lucía Acosta (extraordinaria por incumplimiento de cuota de género), y sumados con el ministro de Hacienda acumula cuatro de siete con cercanía al Ejecutivo. Además, ha insinuado públicamente presiones para que el Banco ajuste sus decisiones a favor del gobierno. Un gobierno entrante alineado con él nombraría dos codirectores más y llegaría a seis de siete, pasando de cercanía a control efectivo: amenaza directa a la autonomía y riesgo cierto de decisiones populistas y poco sostenibles.
Ya hemos visto que el gobierno actual busca abusar del poder. La insinuación de no reconocer los resultados electorales o la emisión de decretos cuestionados constitucionalmente son ejemplos. Eso amenaza la democracia y ataca una de las partes más hermosas de la Constitución del 91: el poder del Estado fragmentado para que ningún gobernante pueda abusar de él.
Abelardo tiene sus falencias también. Medidas populistas, recortes y mega cárceles sin presupuesto claro, ideas inconstitucionales como la pena de muerte, un extremismo que ataca derechos y un discurso de «ser distinto» sostenido por las mismas maquinarias de siempre. Pero tiene algo que sí necesitamos: poco poder político en las demás ramas y suficientes contrapesos en el congreso y las altas cortes para hacerle la vida más difícil, sin mencionar pensamientos a políticas que ya no pueden ser modificadas.
Mi voto no fue por ninguno en primera vuelta, no me siento orgullosa ni representada por ellos. Tampoco juzgo a quien vota por uno o por otro, porque es una decisión en libertad y con razones de fondo. Pero sí tengo claro que valoro la Constitución actual, el equilibrio de poderes, y considero un éxito, con sus fallas, la gestión del Banco de la República. Quiera o no, debo compartir la opinión de algunos: prefiero un Abelardo bajo la Constitución del 91 que un Cepeda capaz de cambiar sus propias reglas, reglas que honestamente, no quisiera que escribiera Petro.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/carolina-arrieta/