Precariedad laboral e impactos de la IA 

Desde el año 2010 el DANE viene midiendo la pobreza bajo un enfoque multidimensional que se centra en condiciones estructurales de los hogares que, prescindiendo de variables monetarias, los ubican en niveles de vulnerabilidad tales que son considerados como pobres. Desde que la medición se realiza los aspectos que más pesan en dicha medición son el empleo y la educación. En el caso del empleo, la informalidad es el punto más débil: en 2025 el 70% de los hogares en el país tenían al menos a un ocupado que no estaba afiliado a pensiones. Aunque la cifra es menor al 81,1% del año 2010, aún sigue siendo el principal problema de los hogares en Colombia, cuando de pobreza multidimensional se trata. Seguido de los indicadores de educación como el bajo logro educativo y el rezago escolar.

Ahora que salen a relucir cifras positivas sobre la reciente caída en la tasa de desempleo, vale la pena detenerse un poco más en las condiciones laborales que enfrentan quienes hoy tienen empleo y que no fueron el centro de la discusión de la pasada reforma laboral, la cual se concentró en mejorar las condiciones laborales de quienes sí reciben los beneficios de la formalidad laboral.

Este no es un problema que solo cobije a Colombia, de hecho, un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo-BID- sobre la evolución de los mercados laborales en Latinoamérica en los últimos 30 años centra su preocupación justamente en la informalidad laboral, la baja productividad y los desafíos adicionales del envejecimiento poblacional, la inteligencia artificial y la automatización. Aunque también ha habido mejoras en el nivel de empleabilidad, con un mayor crecimiento de la participación de las mujeres en los mercados laborales, persisten los problemas de informalidad. En veinte años, la formalidad pasó del 38% al 46%, esto es, más del 50% de los trabajadores no tienen acceso a salud o a pensiones y no tienen protección para responder ante situaciones de choque sobre su ingreso.  

Asimismo, el informe destaca que donde menos se ha avanzado es en la productividad laboral. Casi uno de cada dos trabajadores está empleado en empresas pequeñas o por cuenta propia, con baja capacidad para aumentar los ingresos por su labor.  En treinta años, el ingreso promedio real por trabajador en Latinoamérica aumentó apenas un 18%, mientras para el promedio de la OCDE ese aumento fue del 30%. 

Aunque el informe menciona el crecimiento del nivel educativo de las personas que participan en el mercado laboral, no hace énfasis en que lo que más creció fue el porcentaje de la población empleada con educación secundaria completa, con 17 puntos porcentuales más en los últimos veinte años, pasando del 39% al 56%, pero el crecimiento de la población ocupada con formación universitaria completa solo aumentó en cinco puntos porcentuales, pasando del 11% al 16%, con un estancamiento en los últimos años que se reflejado también en el PIB per cápita regional.

Así las cosas, educación y empleo son los dos grandes desafíos desde una perspectiva de bienestar y de protección social -mención aparte merece la salud que por más de dos décadas fue el bastión de la salida de muchos hogares de la pobreza en Colombia y que hoy con el colapso del sistema está en un riesgo grande de ser un factor de retroceso-y hoy también son los que enfrentan los mayores retos por los desarrollos vertiginosos de la inteligencia artificial-IA.

En una columna reciente hablaba de las predicciones de las propias empresas desarrolladoras de la IA en cuanto al alto porcentaje de empleos de entrada de las profesiones de cuello blanco que están en riesgo de desaparecer. No obstante, es tanta la incertidumbre y las noticias sobre los avances de la IA van a tal velocidad que más que respuestas o certezas tenemos hoy más inquietudes sobre los verdaderos impactos de la IA en los mercados laborales. Esto viene aparejado justamente con lo que el sistema educativo deberá proveer a los niños, niñas, adolescentes y jóvenes para que se inserten de forma adecuada en ellos, no sucumban a las nuevas demandas y los periodos de desempleo no sean muy largos.

Harari en su libro Nexus lo deja muy claro: “En concreto debemos dotar las generaciones más jóvenes de habilidades que puedan ser relevantes para el mercado laboral de 2050…Por desgracia nadie está seguro de qué habilidades hemos de enseñar a los niños en los colegios y a los estudiantes en las universidades, por qué no podemos predecir qué empleos y tareas aparecerán y desaparecerán”.   

El desafío está planteado desde ya: aunque las tasas de desempleo han venido bajando, la informalidad sigue cobijando a más de la mitad de la población ocupada, con un impacto directo en una marcada desprotección social que se evidenciará con fuerza con el mayor envejecimiento de la población. Si le sumamos a esto, los cambios abruptos en los mercados laborales tal y como los conocemos hoy, dados los desarrollos de la IA, el panorama es más que retador para el país y para Latinoamérica y exige agendas concretas que busquen cerrar las brechas estructurales y enfrentar las que se vendrán y que auguran una mayor precariedad laboral.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/

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