Por favor, por favor, que el escritor no haya mentido

Ay, marica, le respondo a mi amiga después de leer la noticia que me mandó por WA: La novela premiada Donde el agua trabaja está escrita por IA al 99 %, según el detector Pangram. David Silva Rojas, de Perú, se ganó con ese libro el primer Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat. 

Es la primera noticia, por lo menos tan importante, en la literatura en español, pero hay una reciente en francés: Thélyson Oriel, haitiano-canadiense, usó IA para escribir C’etait ça ou mourir, la novela que estaba en la shortlist del premio Goncourt, el más prestigioso de las letras en Francia, y que era el furor de estos días en ese país.

Thélyson negó el uso de IA para escribir partes de su libro: que usó algunas herramientas de búsqueda, especialmente para otros idiomas, pero “ninguna frase de este libro fue creada por una máquina. (La historia) viene de mis propias heridas”. Que además la empezó a escribir en 2017 y terminó el primer borrador en 2019, cuando la IA no había aparecido comercialmente.

Pero Pangram concluyó que la novela fue escrita con la ayuda de la IA, y Thélyson aceptó que plagió, hace diez años, para un cuento y unos artículos de opinión. Hace dos días la editorial se desvinculó del autor, tras una investigación interna, y se dijo que sí, que usó la IA.

El escritor de Donde el agua trabaja no se ha pronunciado, pero es temprano: la noticia estalló apenas este viernes 23 de octubre. 

En el artículo de El País, de España, en el que leo la historia dicen que Pangram es uno de los detectores de texto generado por máquinas mejor valorados, aunque no infalible. El estilo del autor, concreto, y que él explicó que lo tomó del haiku, que concentra una experiencia en muy pocos elementos, podría ser confundido, porque algunos modelos de IA justamente tienden a las frases cortas. Sin embargo, dicen en el artículo, “no hay pruebas de que ese estilo confunda a Pangram, que se fija en patrones que no se ven a simple vista, pero tampoco pueden descartarse”. 

¿Y entonces?

¡Fueputa!

Estoy esperando, con los dedos cruzados, que el escritor salga con todos sus borradores, que nos demuestre que él sí escribió la novela, que la IA no la usó para escribir ninguna frase, que él pensó, que él sufrió, que se divirtió escribiendo, que es suya.

Por favor, por favor, que la novela sea del escritor.

Pero también: ¿por qué creerle a la máquina primero? ¿Y si es un falso positivo? ¿Por qué hay que demostrarlo? Dónde está la duda, la presunción de inocencia, la conversación con él. El hecho de que la máquina aprende de nosotros. A la IA le encantan los guiones largos —a mí también, hace años que los uso, ¿no los vuelvo a usar?

Y mientras pregunto, la editorial Almadía saca un comunicado de prensa. Dice que la rápida evolución de estas herramientas en el último año plantea nuevos desafíos para el sector editorial, que las bases son claras sobre el no uso de la IA, que el autor firmó un contrató en el que declaró que no la usó, que durante la lectura de la novela ni al jurado ni al equipo les pareció que se hubiera usado IA generativa. “Nuestro trabajo empieza con un encuentro humano… Nos preocupa un escenario en el que confiemos a las máquinas la producción de textos y la autoridad definitiva para juzgar su procedencia. Los detectores pueden aportar información, pero sus resultados requieren interpretación y contraste, en especial, cuando están en juego la trayectoria de una persona y la confianza de los lectores”. Van entonces a realizar una revisión detallada y para eso necesitan tiempo.

Por favor, por favor

Porque es verdad: hay gente usando la IA para escribir libros. 

Pero no todos. 

No los escritores.

Lo dijo el escritor Patricio Pron en X: “Ningún escritor que tenga un vínculo significativo y real con la escritura renunciaría a ese vínculo permitiendo que una máquina escriba por él”.

Y ahí está la cosa: si yo quiero escribir, si me gusta escribir, si mi sueño es escribir, ¿por qué poner a la IA a escribir por mí o que me ayude? ¿Por qué quisiera que hiciera mi trabajo? ¿Por qué preguntarle por ideas si pensar es justamente parte de la escritura? ¿Si una de las cosas más maravillosas de escribir es decirle a un amigo que vayamos a tomar café a ver si me desatasco? Si escribir es eso: uno escribe porque lo necesita, porque hay algo adentro que explota.

Parece obvio, pero es mejor decirlo: si la IA escribe por vos, vos no sos el escritor. Es la IA. La IA escribió por vos. La escritora es la IA, vos no. Y luego tenemos todo el dilema de los derechos de autor: de dónde sacó la IA su historia, sus aprendizajes, y etcétera. Y pasa igual con el diseño, la ilustración, y etcétera.

La otra cosa es que la IA requiere de una conciencia para la que no sé si estamos preparados: al final, pedirle que nos dibuje un gato sale gratis, está listo en cinco minutos y queda lo más lindo. Qué importa que nos uniforme a todos en la letra, en los trazos, en los colores. Al final, si un periodista puede tener listos —que no escribir— quince artículos en un día, pues cerremos los ojos que la productividad va en aumento.

Y quizá ese es el gran problema: que cerramos los ojos.

También lo que dijo Pron en el mismo hilo: “Que si se están utilizando las IA para escribir libros, es porque la depreciación de la literatura —producto, entre otras cosas, de la sobreproducción editorial, con su demanda de ‘temas’ por delante, de ‘formas’, ‘sinceridad’ por delante de ‘arte’ y ‘representatividad’ por delante de ‘individualidad’— nos ha habituado a leer libros tan malos que perfectamente pueden haber sido escritos por máquinas”.

Entonces un día nos despertamos, y ya estamos en el estómago del dinosaurio.

Pero todavía no: que nos digan si los libros están escritos con IA —que no nos engañen ni nos pongan a ser Sherlock Holmes, que pone además un manto de duda innecesario— y los lectores decidamos si queremos leerlos —yo no quiero, por ejemplo. Porque una cosa es que la IA esté en nuestras vidas —y la vamos a usar, pero la pregunta es para qué, en qué. Bien decía la profesora de octavo: una cosa es la herramienta y otra su uso—, y otra que la queramos y necesitemos en todas partes.

Por favor, por favor.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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