Plutocracia, libertarios y desigualdad

Oxfam publicó en enero de este año un informe sobre el estado de la desigualdad en el mundo. El documento titulado “Contra el imperio de los más ricos” presenta una fotografía de la concentración de la riqueza mundial en el último tiempo, de la obscenidad de la acumulación de capital por parte de los milmillonarios. Lo que cuenta Oxfam pone todas las luces en el principal problema que tienen hoy las sociedades del consumo y el espectáculo.

Por ejemplo, “los 12 milmillonarios más ricos del mundo acumulan, en conjunto, más riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, más que 4.000 millones de personas”. Además, “desde que Donald Trump fue elegido presidente en noviembre de 2024, la fortuna conjunta de los milmillonarios del planeta ha crecido tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores”. O, por ejemplo, “en octubre de 2025, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, se convirtió en la primera persona en acumular una riqueza superior a medio billón de dólares”. Elon vive en el mismo mundo en el que “una de cada cuatro personas pasa hambre”.

Mientras eso ocurre un fantasma recorre el mundo, el fantasma de los mal llamados libertarios. Javier Milei y demás defensores del fundamentalismo de mercado— de las tesis de Rothbard y parte de la escuela austriaca— presentan al Estado como el principal enemigo de la sociedad. La coincidencia temporal entre la primavera de los milmillonarios y el movimiento libertario no es casualidad. De hecho, los libertarios son los operadores políticos de la concentración obscena de la riqueza. Les molesta el estado social de derecho y lo declaran su enemigo pues abogan por el establecimiento de un diseño institucional plutócrata.

Esta defensa no es solamente por razones mercenarias. Hay allí un trasfondo de filosofía política, de una tradición de pensamiento.  Para los libertarios, incluso para algunos liberales, la desigualdad no es un problema. Todo lo contrario, en una sociedad en la que los hombres y las mujeres nacen libres e iguales, es esperable que se presenten desigualdades, dadas las diferencias en ingenio y mérito. Ya desde el Segundo tratado sobre el gobierno civil John Locke argumentaba al respecto.

Con la aparición del relato neoliberal la aceptación de la desigualdad trascendió la filosofía para instalarse en la literatura fantástica y la catequesis. El salmo al que responden los libertarios es que el éxito o el fracaso, en términos económicos, obedece en exclusivo a la acción de cada individuo. Que el mercado, esa fuerza todopoderosa, se encargará de premiar al que trabaje duro, al que sea ingenioso. Y por supuesto, de castigar al que no lo haga. Este relato es el dique moral que disfraza la canallada de justicia.

Los libertarios están reeditando también una discusión que parecía sepultada por la evidencia. En su defensa de los milmillonarios sostienen que la mejor forma de enriquecer una sociedad es dando herramientas a los ricos para que acumulen tanto como les parezca. En ese sentido, rebajarles impuestos es la mejor manera para generar riqueza. Las trickle down economics 2.0 son una de las principales agendas de los libertarios y estrategas de crecimiento económico en todo el mundo.

De todas las preocupaciones que plantea el informe de Oxfam la más importante es que el poder monstruoso de los milmillonarios no puede ser contenido por ningún sistema institucional. Los gobiernos y los sistemas de justicia son cercos muy débiles para la fuerza que otorga tal acumulación de dinero. La democracia en tiempos de milmillonarios y libertarios está amenazada. El riesgo de la deriva plutócrata es una realidad. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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