Paloma y Oviedo Salven ustedes la patria 

“¡Coronel Rondón, salve usted la patria!” fue la célebre frase que el Libertador pronunció en la batalla del Pantano de Vargas cuando todo parecía perdido y la última esperanza estaba puesta en Rondón y sus llaneros. En ese momento decisivo de la campaña libertadora, cuando la derrota parecía inevitable, bastó el arrojo de unos pocos para cambiar el curso de la historia. Hoy, más de dos siglos después, Colombia vuelve a enfrentarse a una encrucijada que pone al país al borde del abismo. En el escenario político actual, escoger la presidencia entre extremos que se parecen más de lo que quieren admitir o candidaturas de centro que no logran inspirar ni convocar mayorías nunca ha sido una opción. 

Por eso, después de los resultados de la Gran Consulta por Colombia del pasado domingo —que reunió más de 5,8 millones de votos— emergen las figuras de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo como fórmula presidencial y vicepresidencial. Para muchos colombianos, esta dupla representa un respiro, una señal de tranquilidad y una bocanada de aire fresco en medio de un clima político cada vez más crispado.

Paloma Valencia ha sido durante años una legisladora ejemplar: juiciosa, rigurosa y profundamente técnica. Desde el Congreso ha liderado algunos de los debates más importantes de la vida pública reciente, siempre con argumentos sólidos y una defensa clara de las instituciones democráticas. Su trayectoria muestra disciplina, preparación y una comprensión profunda de los desafíos que enfrenta el país.

Por su parte, Juan Daniel Oviedo —quien emerge como una de las “rockstar” de la nueva política nacional— ha demostrado que es posible hacer política desde la evidencia, el rigor técnico y el respeto. Su paso por el DANE y su posterior incursión en la política han mostrado a un líder capaz de tender puentes incluso entre sectores que tradicionalmente han estado enfrentados.

La fórmula entre Paloma y Oviedo envía un mensaje profundamente esperanzador: se puede construir en la diferencia. No es necesario seguir profundizando la división que tanto daño le ha hecho al país. No se trata de destruir a la izquierda ni de erradicar a la derecha, sino de reconocer que, aun con desacuerdos legítimos, es posible coincidir en lo esencial: la defensa de la democracia, de las instituciones y del Estado de derecho.

Esta mancuerna ofrece también un parte de tranquilidad en otro sentido: las discusiones pueden volver al terreno de las ideas y de la técnica, lejos del insulto y de la polarización fácil. Representa la posibilidad de moderar el tono del debate sin renunciar a convicciones firmes sobre el rumbo que debe tomar Colombia. 

En un país cansado de trincheras, quizá lo verdaderamente transformador sea volver a construir puentes. Y hoy, más que nunca, Colombia necesita más liderazgos capaces de unir sin renunciar a lo fundamental. Porque a veces el acto más valiente no es levantar la voz, dejar de lado el ego y construir juntos 

Otras columnas de este autor: https://noapto.co/nicolas-calle/

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