¿Paloma o Abelardo? La gran discusión

La política me gusta. Más aún, me interesa. Cuando era niña observaba y analizaba las decisiones de los otros, sus formas de pensar y de actuar. Me sorprendía al ver las diferencias de cada uno. No pasó mucho tiempo antes de que empezara a cuestionar lo que veía a mi alrededor, a los profesores, a mis compañeros del colegio y hasta a mi familia. 

Todos nacemos con una esencia y una personalidad que empiezan a manifestarse y que, a pesar del cambio y de las experiencias, permanecen. Sin embargo, si algo me ha enseñado la vida, es a renovarme, a dejar ir versiones de mí que ya no van conmigo, a enterrarlas y darles la bienvenida a otras nuevas. Para los dogmas, la religión. Incompatible, para mí, con el asombro y el disfrute de la vida.

Por eso vuelvo una y otra vez a la política, en la que siempre me confronto con esas ideas pasadas, con esos conceptos que creía tan claros. La política me recuerda quién fui, quién soy y quién quiero o no quiero ser. Porque así como uno cambia y se muere muchas veces, también lo hacen los países y sus necesidades. Llegan nuevos liderazgos, nuevas propuestas, nuevas conversaciones y nuevas preguntas. En la política cabemos todos, incluso aquellos que se consideran ajenos a ella, que dicen no estar interesados, o peor, que creen que no les afecta. 

Hoy, a ocho días de la primera vuelta presidencial, los colombianos nos enfrentamos a dos modelos de país que quieren imponerse. Ambos prometen cambios y mejoras para la calidad de vida: uno enfocado en la justicia social y en la igualdad; y el otro, en la seguridad y el progreso económico. Uno está a favor de las libertades individuales y el otro las cuestiona, pero se quiere alzar con las banderas de la libertad. 

Lo que veo todos los días, quizás desde mi pequeña burbuja, es lo mismo: ¿Paloma o Abelardo en primera? Llegan las suposiciones, las cuentas, los relatos que uno y otro están vendiendo para aplastarse. Es curioso ver a uribistas de toda la vida criticar a la candidata del ex presidente, y a personas tan desconectadas del asunto, defender con tanto fervor al outsider De La Espriella. Pero eso sí, el enemigo común, dicen, es Cepeda. 

Ante la pregunta de cuál de los dos, la respuesta, de un lado y del otro, es mostrarlos como incompatibles, sin darse cuenta de que son bastante parecidos. Una discusión infantil que ahonda en esas diferencias sutiles, más de forma que de fondo, y que lo único que hace es fortalecer a quien dicen querer derrotar. Hace unos meses, se hablaba de que la derecha debía llegar unida. Hoy el escenario nos muestra lo contrario. La derecha llegará fragmentada en dos candidatos que no sumarán tan fácil en la segunda vuelta contra un Iván Cepeda cada vez más fuerte, y con un centro agonizante a la espera de su último suspiro. 

Mi voto no será por  ninguno de estos tres candidatos, por lo que decía al comienzo de la columna: hay una esencia que permanece y a la que soy incapaz de traicionar, aunque me taicione de otras maneras, pero si estuviera dudando entre votar por Paloma o por Abelardo, me iría sin duda por Paloma, porque al final no se trata sólo de dos modelos de país, sino también de quién ejecute esas ideas, y de sus formas.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/amalia-uribe/

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