Se cree que el único voto importante es el presidencial. Error común. En el Congreso —Senado y Cámara— es donde se decide si el país avanza… o si se estanca en peleas de redes sociales.
El Congreso es llamado el cerebro legislativo del país. Pero si elegimos mal, ese cerebro se convierte en un meme.
Tanto el Senado y la Cámara de Representantes hacen leyes, pero tienen funciones distintas. El Senado representa al país entero, participa en la aprobación de leyes, reformas constitucionales y autorización de salida de tropas. También tiene funciones judiciales especiales y acciones para evitar abusos mediante debates de control político, mociones de censura y comisiones de investigación.
La Cámara representa a las regiones y departamentos; ejerce control político, puede iniciar proyectos de ley relacionados con el presupuesto y los tributos y vigila el gasto público. El trámite del Presupuesto General de la Nación inicia en la Cámara de Representantes, pero su aprobación es conjunta con el Senado.
Son como dos lentes distintos para mirar el país: uno nacional, otro territorial. Elegir bien en ambos es clave para que exista equilibrio, control y leyes que respondan a la realidad.
Vamos a los ejemplos de las últimas elecciones: Miguel Polo Polo. Llegó por voto popular y se volvió más famoso por sus ausencias (y porque cuando va se dedica a hacer escándalos y a provocar) que por propuestas serias. O David Racero, expresidente de la Cámara, criticado por su falta de liderazgo; investigado por presunto clientelismo y precarización laboral, lo que generó más ruidos que resultados. ¿Eso queremos?
Ahora, también hay ejemplos de quienes sí hacen valer el voto. Jennifer Pedraza y David Carvalho: críticos y firmes; demuestran que el trabajo riguroso y serio de los congresistas sí genera mejores condiciones para la vida de todos. Ambos asumen sus labores legislativas con criterio y ética, comprenden su rol y lo ejercen con dignidad.
Entonces, no se trata solo de ideología, sino de calidad. Votar bien por Congreso es elegir quién escribe las reglas del juego. ¿Queremos leyes que protejan derechos, impulsen salud, vivienda, educación? ¿O más escandalosos legislando por likes?
El Congreso puede funcionar como contrapoder. Allí, por ejemplo, algunas de las improvisadas reformas propuestas por Petro han sido hundidas. También vale recordar que allí se frenó la Ley de Financiamiento y la reforma pensional durante la Presidencia de Duque.
Así que, el 8 de marzo, no votemos por el que más grita en campaña, ni por el que más gasta tiempo en TikTok, ni por aquella que propone lo imposible. Votemos por quien estudia, propone, escucha. ¡Por quienes sí van a trabajar! Porque el Congreso no es un reality… aunque a veces lo parezca.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/maria-antonia-rincon/