No hay guerra justa

La coyuntura es un fango. En el “Decálogo del perfecto cuentista”, Horacio Quiroga recomienda que no se escriba bajo el imperio de la emoción. La distancia y la mesura son las mejores aliadas de la persona que escribe. Mucho más cuando vivimos en un mundo completamente embelesado con la respuesta inmediata, que sufre de incontinencia verbal, de vanidad de la palabra. Las redes sociales son el juego de la indignación insustancial, del dolor performático, de la rabia estéril, que no dice, que no transforma. Por eso, las respuestas automáticas —más propias de los robots que de los humanos y que resultan irresistibles para los usuarios— suelen ser lecturas emotivas que no desgajan la mandarina.

El anterior párrafo no es una promesa de que en este texto se encontrará otra cosa. De hecho, es probable que se reproduzcan los vicios que se condenan. Pero aquí estamos, a punto de poner el pie en el lodazal. Esperamos no salir muy embarrados.

La semana pasada vimos —la viralidad es una forma muy particular de agenda setting— un video que mostraba a un niño palestino sumido en la profunda desesperanza. Decía, mientras refunfuñaba, manoteaba y rompía sus propias cometas, que les estaban quitando todo lo que los hacía felices. No estoy seguro de si el niño sí habló de esa manera, ni de si utilizó esas palabras. Probablemente sean autoría de la persona que puso los subtítulos en español en ese video. Pero el niño sí se veía desesperado ante una injusticia.

El gobierno de Benjamín Netanyahu dijo que intensificará los ataques si continúan los lanzamientos de drones, globos o cometas desde Gaza. Las cometas de los niños, en tiempos de conflicto, son vistas como una amenaza. Este es un nuevo episodio de una catástrofe de la humanidad que se ha presentado, desde el gobierno de Netanyahu, como una guerra justa que busca la paz. El marco político y moral desde el que se justifica la agresión a los palestinos tiene que ver con la amenaza existencial que representa para Israel el gobierno de Hamás en Gaza, con el infame ataque del 7 de octubre de 2023.

Pronto serán tres años del inicio de esta ruina humana. Se estima que han muerto más de 70.000 palestinos y que, de acuerdo con UNICEF, el 30 % de ellos son niñas y niños (unos 21.000). Los avances desde el anuncio del cese al fuego no parecen muchos. Mientras eso ocurre, vemos videos de niños que— entre los escombros que llaman casa— juegan con cometas que se asumen como amenaza y recordamos que no existe la guerra justa.

Cuenta Tácito, el historiador romano, que Calgaco, líder de los caledonios, dijo en la batalla del monte Graupio, en la que se enfrentaron al ejército comandado por el general Agrícola: “Los romanos hacen un desierto y lo llaman paz”. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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