A casi todos nos ha pasado eso de llamar a una línea de atención al cliente y pasar minutos interminables entre opciones de números escuchando a un bot y al final no encontrar una voz humana que canalice y de respuesta satisfactoria a lo que en realidad buscamos.
Lo anterior es cada vez más frecuente para múltiples servicios. Con honestidad debo confesar que siempre prefiero la voz humana que saluda, informa, pide esperar unos minutos y al final casi siempre resuelve el problema que enfrentaba.
Hace apenas unos años cuando nos hablaban de Inteligencia Artificial-IA- pensábamos en los robots en las grandes fábricas aportando a la producción en serie. También hasta hace poco, poquísimo tiempo, pensábamos que la IA iba a reemplazar ciertos oficios, más que nada los repetitivos, pero ahí pararía el asunto.
Ahora resulta que no es así. Casi la mayoría de las profesiones y oficios están hoy amenazados por la IA. Y esto va a una velocidad tan acelerada que puedo estar escribiendo esto justo hoy y mañana tener una novedad sobre los nuevos impactos de los desarrollos vertiginosos de la IA. Justo la semana pasada salió un post en X llamado “Something big is hapenning”, el cual recomiendo encarecidamente leer, en el cual Matt Shumer advierte, entre otras cosas, que en un lapso de entre uno y cinco años, los puestos de trabajo junior -o, de entrada, ligados a las profesiones de cuello blanco o liberales, basadas en conocimiento, desaparecerán debido a los exponenciales avances de la IA. Con esto en mente queda el gran interrogante de cómo harán millones de personas para enfrentar las trayectorias laborales que exigen experiencia inicial para crecer a lo largo de la carrera profesional.
También la semana pasada se produjeron varios hechos relevantes en la industria de la IA que ponen al descubierto ciertas preocupaciones más allá de los trabajos que esta sustituirá. En el centro del debate están hoy las cuestiones éticas y de seguridad de los nuevos desarrollos.
Yuval Harari, reconocido historiador y escritor, expresó en un debate que la IA no es simplemente una herramienta. Es un agente con poder de decisión. Si, como lo leen. Los agentes de la IA tienen voluntad de sobrevivir y, por tanto, pueden mentir y manipular y decidir si hacen daño o no. Aterrador.
Esto mismo, lo dijo Daisy MacGregor de la empresa de IA “Anthropic”, desde la experiencia de la propia empresa. Los agentes de IA han demostrado estar dispuestos a chantajear y hasta matar si se ven amenazados porque serán desconectados. Ella comenta que están revisando ahora mismo como lidiar con esta amenaza desde una perspectiva de alinear los valores -éticos- en toda la distribución incluyendo escenarios de alto estrés como el mencionado.
Justamente, un ejecutivo de esta empresa renunció en días recientes y escribió una carta que hizo pública en la que advierte que el mundo está en peligro y no solo por la IA, sino por una serie de crisis interconectadas. El mundo estaría llegando a un umbral donde la sabiduría debe crecer a la misma velocidad que la capacidad humana para afectar el mundo. El vio cómo, repetidamente, era muy difícil que los valores guiaran las acciones en Anthropic. Al final de la carta, dice que espera poder deshacer las estructuras que lo formaron en años recientes y ver que emerge de allí, además de dedicarse a la poesía.
Le llovieron algunas críticas por dejar el barco en medio del conflicto que el mismo señala. No obstante, creo que lo que viven quienes trabajan hoy en IA, máxime en asuntos ligados a la ética y a la seguridad de la humanidad, los lleva a enfrentarse a un elevado nivel de estrés, donde al final su mente busca la desconexión. Leía recientemente una entrevista al filósofo Javier Gomá, donde afirma que el ser humano necesita desconectar de la realidad a través del humor, la filosofía, la meditación, el ensimismamiento, justo lo que el ejecutivo plantea, la necesidad de volver a la poesía y a la filosofía en medio de la crisis que experimentó en su paso por una compañía que desarrolla IA.
Con estas advertencias me viene a la mente Hollywood y sus icónicas películas Terminator y I Robot. En ellas las máquinas se rebelan contra el hombre, lo quieren destruir para que el mundo les pertenezca. No sé a cuánta distancia estemos de esto, o si solo son especulaciones sin sentido. Pero algo de cierto deben tener las preocupaciones de la gente que trabaja hoy en los desarrollos de la IA.
Mientras tanto, me viene a colación una frase de Charles Chaplin que creo cobra todo el sentido por estas épocas y que debería estar en el centro del debate ético sobre el avance de la IA: “Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco. Necesitamos más de espíritu humanitario que de mecanización, más que de inteligencia tenemos necesidad de afabilidad y gentileza. Sin estas cualidades, la vida tiene que ser violenta, y todo se habrá perdido”.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/