Estudié en la EIA y, cuando supe que serías su rector, me alegré. Comparto mucho contigo: tu liderazgo, tu visión de país, tu amor por la economía y tu convicción de que la educación transforma. Te vi hacer crecer la universidad, modernizarla, abrirle puertas al mundo.
También te vi en foros sobre temas críticos —la regla fiscal, la democracia—, siempre como un mediador que invitaba al pensamiento crítico, a construir puentes, a la mesura y al diálogo.
Por eso, cuando supe que serías fórmula vicepresidencial de Abelardo de la Espriella, me dio una tusa política de las malas. Una infidelidad sin aviso, de esas que duelen más por la sorpresa que por el golpe.
Y ahí empieza esa conversación interna medio incómoda, medio terca, en la que uno insiste en entender…
y no puede.
Porque no hay cómo sostenerlo.
Es una dupla dispareja. Mucho vicepresidente para el candidato a presidente.
Y entonces vuelve esa frase que uno oye desde siempre: “Dime con quién andas y te diré quién eres.”
Todos la completaron, ¿no?
Y es que ADLE no es cualquier personaje. Quien hoy promete combatir la corrupción construyó parte de su fortuna defendiendo a figuras clave del entramado criminal y político del país. Fue abogado de David Murcia Guzmán —cerebro de DMG— y, mientras lo representaba, salió a alentar públicamente nuevas inversiones en ese esquema.
También defendió a excongresistas como Dieb Maloof, Rocío Arias y Eleonora Pineda, condenados por parapolítica; a Manuel Nule, Miguel Nule y Guido Nule, protagonistas del llamado carrusel de la contratación en Bogotá, un esquema de corrupción que desvió cientos de miles de millones de pesos destinados a obras públicas; y a Alex Saab, investigado por lavado de activos y señalado como presunto testaferro de Nicolás Maduro, en un periodo en el que su bufete multiplicó ingresos.
Para rematar, es el candidato que ha usado la orientación sexual de sus contrincantes como arma de burla, como si eso fuera un argumento político. Un hombre que ha construido su marca personal entre el lujo, las redes sociales y un populismo de derecha que seduce, pero que en sus formas ha dejado ver, una y otra vez, la ética que lo habita —o más bien, la que le falta.
Pero tú, José Manuel, has representado lo contrario: una centro derecha técnica, decente y propositiva. Por eso, cuando alguien como tú respalda una causa, muchos lo leen como un sello de calidad. Esta vez, ese sello quedó mal puesto.
Quiero creer que no fue oportunismo. Que tomaste la decisión en otro contexto, cuando la consulta aún no tenía la fuerza que hoy tiene, y que pensaste que desde adentro podías aportar.
Pero hoy el escenario cambió. La unión de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo le da al país una alternativa seria, que combina conocimiento y experiencia.
Por eso te invito a reconsiderar. No solo tu apoyo a ADLE, sino la posibilidad de sumarte a una opción que sí refleja lo que siempre has defendido. Porque tu coherencia pesa más que la lealtad a una mala decisión. Y porque rectificar a tiempo no es debilidad: es liderazgo.
Tú mejor que nadie sabes que el conocimiento sin coherencia no transforma. Y hay momentos en que cambiar de decisión no es fallar, sino leer bien el momento.
Como dice mi papá: “El que reconoce su error, dos veces acierta.”
Este es tu momento.
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