Lo que pasa en Irán y Venezuela desnudó a la izquierda, o como decimos los paisas, los zurdos “pelaron el cobre”, pues quedó en evidencia que todo aquello que pregonaban del derecho internacional, la autonomía de los pueblos, la soberanía, los derechos de las mujeres o el feminismo, solo son excusas que utilizan para defender la agenda global de la izquierda, no temas que realmente les motiven.
Aunque fueron solapados los últimos años, siempre estuvieron del lado de Maduro, pese a su evidente saqueo, opresión y destrucción de Venezuela. Su aparente neutralidad, como la de Petro después del irrebatible robo de las elecciones, en realidad era una estrategia útil para mantener el status quo que sostenía al régimen. Ahora las máscaras se cayeron, afortunadamente, y es más que clara su complicidad, como seguramente también será claro, dentro de poco, que esta sumisión tiene una directa correlación con la financiación de sus movimientos políticos.
Igual pasa en Irán, donde las mujeres se están jugando la vida, literalmente, por su libertad, pero como ahora el enemigo no encaja en ninguna lógica marxista, el “bienpensantismo” y el feminismo brillan por su ausencia. Acompaña también el silencio, además, de los medios tradicionalmente de izquierda ante los evidentes abusos y amenazas a la población civil que protesta, ya no hay llamados por los Derechos Humanos.
Son tantas las verdades que salen a la luz, y de manera tan rápida, que no damos abasto. Resulta que Maduro, el supuesto defensor del pueblo y crítico del capitalismo, vivía forrado en oro que tenía escondido en Suiza. Que les molesta que entren soldados estadounidenses a apresarlo, pero no vieron injerencia extranjera ninguna en que su escolta sea cubana. Que es muy importante respetar el derecho, ante un dictador que los violó todos y que estaba dispuesto a seguir haciéndolo, escudado en su ejército. Que es un crimen que le vendan el petróleo a Estados Unidos, cuando llevaban décadas regalándoselo a Cuba, Rusia y China. Que no había presos políticos, cuando los liberan todos los días.
Empezó con esperanza el 2026, especialmente para Latinoamérica, que tiene la oportunidad única de sacudirse del “socialismo del siglo XXI” que nos mantuvo en el atraso económico, político, social e ideológico, superado hace décadas por el resto del mundo luego de la caída del Muro de Berlín. Colombia parece estar ad portas de mucha prosperidad, eso sí, tenemos que ganarles en las próximas elecciones.
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