Los presidentes ya no tienen partido

En Colombia ya no son los partidos los que hacen presidentes como en el siglo XX; son los presidentes los que hacen partidos.

Más allá de la polarización entre Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) e Iván Cepeda (@IvanCepedaCast), lo que realmente quedó al descubierto con la primera vuelta presidencial fue la profunda crisis de los partidos políticos en Colombia.

Durante buena parte del siglo XX, un candidato llegaba a la presidencia porque detrás existía una organización política sólida, una estructura territorial, una identidad ideológica, una tradición partidista. Los partidos producían líderes. Hoy ocurre lo contrario: son los líderes quienes producen partidos.

Hace algunos meses escribí que Colombia parecía avanzar hacia una suerte de bipartidismo alrededor del Pacto Histórico (@PactoCol) y el Centro Democrático (@CeDemocratico). Sin embargo, los resultados de la primera vuelta obligan a matizar esa hipótesis. Lo que estamos viendo no es necesariamente el fortalecimiento de dos grandes partidos, sino la emergencia de un nuevo liderazgo (de la Espriella) y la consolidación de otro (Petro @petrogustavo encarnado en Cepeda) que se valen de estructuras partidistas cada vez más débiles.

Abelardo de la Espriella construyó su candidatura a través de las firmas de @defensoresco y de una narrativa de outsider político. Tiene aval de Salvación Nacional (@MovSalvacionNal), una colectividad que recuperó recientemente su personería jurídica y cuya presencia parlamentaria es marginal. Incluso Creemos (@creemosco), el movimiento del alcalde Federico Gutiérrez (@FicoGutierrez) que lo apoya, no es un partido.

Iván Cepeda, por su parte, es avalado por el Pacto Histórico, una organización que apenas obtuvo reconocimiento formal como partido político el pasado 3 de diciembre de 2025. Es decir, hace poco más de seis meses.

Pero quizás el caso más revelador sea el de Paloma Valencia (@PalomaValenciaL). La candidata del Centro Democrático contaba con el respaldo de buena parte de los partidos tradicionales del país: Liberal (@PartidoLiberal), Conservador (@soyconservador), La U (@partidodelaucol), sectores de Cambio Radical (@PCambioRadical), y de otros con algún reconocimiento como Mira (@PartidoMIRA), Nuevo Liberalismo (@NvLiberalismo) y Oxígeno (@partidooxigeno). A pesar de esa amplia convergencia partidista, obtuvo apenas el 6,8% de la votación.

En el libro ‘Los partidos políticos’ (1911), Maurice Duverger sostenía que los partidos constituyen uno de los principales instrumentos de intermediación entre la sociedad y el estado. Son las instituciones encargadas de organizar intereses, estructurar identidades colectivas, canalizar conflictos de manera democrática, formar liderazgos pero también de limitar la concentración del poder.

Sin embargo, las redes sociales digitales, la comunicación directa entre el político y el ciudadano y la hiper personalización de la política (caudillismo populista) han debilitado estas organizaciones intermedias que históricamente estructuraban la representación. Y cuando los partidos se debilitan, los ciudadanos terminan votando más por emociones, identidades o figuras carismáticas efímeras que por proyectos colectivos duraderos.

¿La democracia puede seguir fortaleciendo la figura presidencial mientras debilita, simultáneamente, las organizaciones encargadas de representar políticamente a la sociedad?

La presidencia de Petro nos ha demostrado que cuando los partidos políticos dejan de construir presidentes, son éstos quienes terminan construyendo la democracia a su medida.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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