Cuando se priorizan necesidades muy específicas, y no las necesidades de la mayoría del resto de colombianos frente a la salud. Cuando el desabastecimiento ocurre en una coyuntura, la cual tiene muchas razones del porqué salir del atolladero no va a ser tan fácil. Y cuando el problema va más allá de la crisis fiscal que se está viviendo en el sector salud, consecuencia de su doloroso desfinanciamiento (y también de una gran amalgama de factores)… Es que hay que hablar de las piezas faltantes del rompecabezas a las que no se les ha echado la lupa. Y sobre todo cuando nos concierne ver más allá de las dimensiones del malestar que percibimos dentro del país.
Miremos primero la plata que el Estado ha invertido en medicamentos: Según la información más actualizada, el valor total de suministro para los presupuestos máximos de la ADRES en 2024 era de 4.25 billones de pesos. Y respecto a las tecnologías en medicamentos, los fármacos con mayor valor de suministro fueron: El Eculizumab, Liraglutida y la Elosulfasa alfa, con cifras que superaron los 157 mil millones de pesos, dejando una diferencia de más de 79 mil millones entre este grupo y los demás medicamentos registrados en los presupuestos del sistema de salud.
Los medicamentos previamente mencionados con los suministros más costosos, se usan mayoritariamente para responder ante enfermedades raras que afectan la sangre y los riñones; también la diabetes, la obesidad, y el reemplazo de enzimas para tratar enfermedades genéticas que afectan huesos y movilidades. Claramente dada la especialidad de estos fármacos, puede ocurrir que su valor de mercado sea significativamente mayor, y de allí el porqué se ha invertido un rubro tan grande para su adquisición.
Sin embargo, considerando que -según Coosalud- en Colombia las enfermedades más comunes son las isquémicas del corazón, cerebrovasculares y respiratorias crónicas, esto arroja serias preguntas como ¿Por qué no se priorizan fármacos tales como la Aspirina, Atorvastatina, Salbutamol, Losartán y Enalapril,etc, cuyos fines son tratar estos trastornos? Estamos viviendo un desabastecimiento de medicamentos en el que, vemos que se priorizan casos más puntuales por encima de aquellos que tienen una relevancia más universal. Pareciera que el problema se agravara por la tangente.
La historia no termina ahí. Cabe señalar, que en el mismo año (2024), se importaron alrededor de 1.306 millones de dólares en medicamentos en su mayoría provenientes de México, Estados Unidos y Alemania. De estos últimos dos países hay cinco multinacionales quienes han sido los principales proveedores internacionales para Colombia: Janssen (ahora Johnson & Johnson Innovative Medicine), Boehringer Ingelheim, Abbot, Pfizer, y Bayer. Me daré la libertad de agregar a ese grupo a la multinacional francesa Sanofi y la multinacional suiza Novartis.
De las corporaciones mencionadas, cuatro son parte de las diez empresas más grandes del mundo en la industria farmacéutica. Una industria, de la cual el año pasado, su mercado farmacéutico global se valorizó en aproximadamente 1,6 billones de dólares. Si ubicamos esta cifra frente al gasto colombiano en tecnologías en salud, que es una ínfima fracción de esa escala, y tomamos nuestros jugadores estrella entre los proveedores (Johnson & Johnson, Pfizer, Bayer y Sanofi), tenemos un escenario en el que la capacidad económica de actores privados internacionales, sobrepasa con creces la misma capacidad de los Estados de los países.
Visto de esa manera, tenemos una suerte de oligopolio farmacéutico global, en donde corremos el riesgo de que adquirir nuestros fármacos, esté sujeto a negociaciones estructuralmente ventajosas para las multinacionales. Se “juntaron el hambre con la necesidad” en un momento en el que no se priorizan los medicamentos más pertinentes para el país. Un momento en el que hay organizaciones que pueden determinar el acceso, precio y disponibilidad de los tratamientos, subordinando en parte nuestra política pública en salud, afectando la vida de millones de personas. La reciente crisis política del sector no puede ser ignorada. Y al mismo tiempo, no podemos olvidar, que dentro de esta coyuntura, nuestra salud puede verse afectada por otros monstruos.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-sarria/