Sergio Fajardo puede ser buen profesor, pero como alumno ha demostrado ser muy malo. En cuatro oportunidades ha estado en el tarjetón presidencial y parece no haber aprendido nada.
En cuatro campañas presidenciales yo aspiro que algún asesor le haya dicho cuida tu expresión corporal; no es posible que cada frase esté acompañada por el gesto de juntar su dedo pulgar con los demás. Una seña que da cuenta de una incapacidad para darse a entender. Un candidato presidencial que quiere transformar a Colombia y entrar en acción no puede andar para arriba y para abajo con las manos ocultas en sus bolsillos; ni que estuviera jugando con pelotas y monedas.
Fajardo no aprendió que todas las elecciones son distintas. Que el juego democrático no consiste en vencer en segunda vuelta, sino en conquistar al elector desde la primera. El que la consulta de Centro Esperanza haya sido un fiasco, no significa que la Gran Consulta sea igual. En términos matemáticos: dos conjuntos no pueden ser iguales si sus componentes son distintos.
Las elecciones no se tratan de lo mismo cada cuatro años. Los diagnósticos y las prioridades cambian. Un ejemplo relacionado con la educación, la bandera de Fajardo: según un estudio del BID, el 74% de los conductores de UBER en Colombia ha culminado su educación terciaria. ¿Educación superior para terminar conduciendo un carro? El candidato parece que no entendió que conectar con las necesidades ciudadanas y ajustar narrativas no significa cambiar valores.
No hay que mandar a leer a la gente o de insinuar que no lo eligen porque la gente es bruta. Hay que saber explicar. Y hay que hacerlo con cercanía, claridad y contundencia. El gran comunicador que conocimos en Antioquia se ha diluido en las aspiraciones nacionales. Atrás quedaron esas frases potentes como “lo mejor para los más humildes” que daban cuenta de una facilidad de conectar con la filosofía de gobierno.
En esta oportunidad las consultas sirvieron como una primera vuelta y hoy en la opinión pública hay únicamente tres opciones con opción real de poder. Lastimosamente —porque considero que Fajardo no merece el final político que se está labrando— podría quedar como un gran villano porque si él insiste en seguir adelante con su candidatura, quizá en segunda vuelta tengamos que volver a elegir entre dos extremos muy malos.
Fajardo, escuche el mensaje de Oviedo: “Se requiere más valentía para sumar que para dividir”.
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