Liderazgo, política y coherencia

En los recientes debates sobre las fórmulas vicepresidenciales ha sido recurrente el uso de la palabra coherencia. Esa que según la RAE expresa la actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan. Si es o no es coherente la candidata Paloma Valencia al expresar hoy que no está de acuerdo con que parejas homosexuales adopten niños, cuando hace nueve años en un debate en el Congreso afirmaba lo contrario. Que si su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo es coherente cuando acepta formar esta alianza política con un partido y una candidata que profesan hoy unas ideas contrarias a lo que él como ciudadano y político ha defendido, esto es, que la adopción de niños en el país por parejas homosexuales sea posible. 

Los psicólogos nos cuentan que los seres humanos estamos constituidos por cosas que podemos cambiar y otras que no. Por obvias razones, el trabajo de crecimiento y avance personal se debe basar en aquello que podemos cambiar. Así, no podemos cambiar nuestra biología, nuestra historia (el pasado), pero sí podemos cambiar las creencias, paradigmas, los juicios y nuestras opiniones.  Y he aquí el quid del asunto con la coherencia. 

Recuerdo hace unos años una discusión con compañeros de trabajo sobre lo que significaba la coherencia. Para algunos la coherencia era sinónimo de inmutabilidad. Es decir, alguien que creía o pensaba de cierto modo era incoherente si un tiempo después no pensaba igual. En mi opinión esta visión es errada pues contradice justamente que las ideas profesadas, los juicios pueden cambiar con el tiempo. No solo en los asuntos de orden privado sino también en las discusiones políticas. La coherencia reside en que se debe actuar en consecuencia con lo que se piensa hoy, en el presente, no con lo que pensaba o creía hace cinco, diez, veinte años atrás. 

Porque justo el ejercicio de la política, la buena política, debe saber escuchar los argumentos de los otros, y cambiar las ideas, incluso las más radicales, si el otro me convence. Obrar de forma distinta es pura ideología recalcitrante, de la que estamos saturados en el mundo hoy en día.

Dicho esto, también es claro que los políticos deben rendir cuentas a los ciudadanos/electores, sobre estos cambios en sus ideas y pensamientos. Creo necesario, por ejemplo, preguntar a la candidata Paloma Valencia porque hoy piensa distinto a hace 9 años atrás. ¿Qué la hizo cambiar de parecer? ¿Qué argumentos? ¿Qué hechos sustentan que hoy piense que las parejas homosexuales no pueden adoptar niños, porque los derechos de estos últimos deben prevalecer? ¿Cuáles de esos derechos serían vulnerados específicamente? Sobre Oviedo la pregunta no es similar, pues él no ha expresado idea distinta sobre la adopción, pero quizás algunos estén interesados en consultar si considera incoherente participar de una fórmula donde no comparte todas las ideas, incluyendo esta. Creo que el ya respondió este cuestionamiento al afirmar: “En la política debe existir el ejemplo de que es posible sumar entre distintos. Yo, en esta dupla con la derecha, represento al centro político”.

De acuerdo con la psicología humanista, no existe nadie que pueda ser ciento por ciento coherente. La coherencia es más un proceso que un resultado. Ese ejercicio de autenticidad o congruencia, como lo llama Carl Rogers, consiste en buscar que lo que pienso y siento (internos), digo y hago (externos) estén cada vez más sincronizados, y que en el obrar se siga el criterio formado por uno mismo, de acuerdo con esa sincronía. Así que las visiones de todo o nada, que para este caso particular sería de es coherente o incoherente tampoco aplica aquí. Más bien hay una zona de grises o de grados que se acerca más a la naturaleza humana.

Y es que en la política sí que es evidente que esto de juzgar la coherencia es más bien complejo. Pensemos en un momento en la señora Angela Merkel, ex primera ministra alemana. Una mujer admirable. En una biografía suya encontré un elemento revelador de su forma de hacer política, que podría considerarse por muchos ¡vaya paradoja! como incoherente, y es la redefinición permanente. Ella manifiesta: “No todo debe reducirse a qué tema pertenece a qué partido. Prever y reaccionar de acuerdo con la dinámica de los cambios es un reto abierto para todos”. Lo que para algunos podría ser altamente criticable para otros fue un rasgo de su gran éxito como primera ministra. Esa visión pragmática de la política la llevó a adueñarse de los temas emblemáticos de otros partidos como el social demócratas y el verde, y condujo a las bases de su colectividad conservadora hacia las posiciones de centro.[1]

La mayoría queremos y buscamos líderes más coherentes que incoherentes. Esto por cuanto la coherencia nos acerca con la sensación de predictibilidad y ésta, a su vez, con la confianza. Entre más coherente sea un líder más fácil será predecir las ideas que defenderá y a las que se opondrá y las acciones que podría llevar a cabo. Pero no podemos olvidar que los líderes están para responder bajo contextos cada vez más complejos, como lo mostró Angela Merkel en Alemania. Lo más importante, en mi concepto, es que cualquiera sea la decisión que tomen esté enmarcada en el objetivo superior del interés general por encima del interés particular de un partido o movimiento político e incluya siempre la rendición de cuentas cuando la coherencia pueda estar en entredicho.


[1] Figueroa y Mendoza. “Angela Merkel. La física del poder”.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/

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