La violencia de los libertarios

Las ideologías son religiones seculares. La literatura que se ocupa de la descripción de las ideas políticas ha identificado esta coincidencia entre el feligrés y el militante. La iglesia es reemplazada por la sede política y la biblia deviene en estatutos del partido. En ambos casos hablamos de escrituras sagradas que prescriben dogmas y aseguran redención a sus fieles. Hay también una explicación a propósito del origen universal y de la vida social. Las ideologías arrugan la realidad para que pueda acomodarse a sus premisas, simplifican la complejidad social para poder expresarla en sencillas consignas. Ese filtrado de la realidad que hace la ideología le facilita las cosas al pensamiento militante.

La fe libertaria ocupa buena parte de la discusión pública. Los soldados de la libertad defienden ideas fundamentalistas sobre la omnipotencia del mercado. Presentan al Estado como el diablo, el maligno, la fuerza de la oscuridad. Una de sus principales proposiciones, que asumen como ley divina, es que la desigualdad es una consecuencia natural de la competencia en el mercado. Que las personas pueden redimirse en la sociedad apelando a su inteligencia, su talento y su esfuerzo. Los libertarios y la sociedad neoliberal vuelven laico el principio calvinista de que con trabajo duro se puede inclinar a nuestro favor la gracia de Dios. En ese sentido, creen que la riqueza y la pobreza son una cuestión de merecimiento.   

Hannah Arendt menciona que toda ideología termina justificando la violencia. En el caso de la catequesis libertaria el gesto violento aparece en su defensa de la desigualdad y su aceptación de una concentración obscena de la riqueza. Esto es así porque al salmo responden: “el pobre es pobre porque no se esfuerza lo suficiente, porque es perezoso, porque no es inteligente”. La premisa aplasta a aquellos que viven en la absoluta precariedad, que no pueden imaginar un futuro pues el presente les llega al cuello con la amenaza de asfixiarlos.

La fe en el mercado persiste en el credo libertario, sin empañarse, pese a la evidencia que demuestra su incapacidad para garantizar bienestar a la mayoría de la población. Un trabajo reciente de Joseph Stiglitz encontró que el 1% más rico del planeta acaparó el 41% de la riqueza creada desde el año 2000, mientras que, el 50% más pobre, solo el 1%. Los libertarios aceptan esta vulgaridad leyendo el versículo de la desigualdad natural, justifican esta violencia porque lo que realmente les interesa es mantener los privilegios de cierta clase social. La sociedad que quieren instaurar no es la del libre mercado sino la del gobierno plutocrático. La desigualdad que acepta el credo libertario no solo es repugnante en términos morales. En el mismo trabajo Stiglitz menciona que las sociedades más desiguales son aquellas también en donde la democracia está más amenazada. La igualdad que promete la democracia se rompe con la desigualdad material, deviene en violencia sobre los que no tienen capacidades para acceder a la libertad, esa que tanto dicen defender los libertarios.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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