La Playa

Para escuchar leyendo: Canela en Rama, El Kanka.

Es algo que yo nunca he entendido, casi todos la pasamos de afán, sin alzar la mirada. La vemos como algo más del paisaje, negando la oportunidad de verla como un corredor verde, como una joya, como un diamante en bruto que puede ser el gran motor de la reactivación de un centro para todos.

Cada día, miles de personas caminan por la avenida de La Playa con el afán del ajetreo cotidiano, entre los grandes árboles, bajo el canto de aves, sobre el recorrer de la Santa Elena. El medellinense cruza afanado el pequeño oasis que sobrevive de tiempos más simples y no se da cuenta que tiene en él un futuro de serenidad.

Los apartamentos son amplios, los locales concurridos, la oferta cultural y gastronómica se mueve con ritmo suficiente para sobrevivir en una ciudad que se niega su propio centro; pero a uno le queda el sinsabor de que puede ser más, de las oportunidades infinitas que tenemos.

Hay algo más profundo todavía, y es que debajo de esa misma calle corre la Santa Elena. Eso no es metáfora: es de verdad, fue enterrada viva, canalizada en los años cuarenta porque la modernidad de entonces decidió que el agua era un estorbo. Hoy sabemos que fue un error. Seoul desenterró su Cheonggyecheon y le devolvió a la ciudad una arteria de vida, de microclima, de identidad. Medellín podría hacer lo mismo, o algo parecido, o al menos empezar a pensarlo en serio. Devolver la Santa Elena al aire libre, recuperar sus márgenes, crear una franja de vivienda y espacio público que conecte el centro con la ciudad, eso no es un sueño de urbanista trasnochado: es una posibilidad real que otras ciudades ya ejecutaron. 

Es la posibilidad de sanar un poco esa herida profunda que la construcción de La Oriental y del Metro le generaron al centro. Con La Playa convertida en un gran eje urbano, donde el peatón y el habitante sean protagonistas, puede ser el gran conector con un parque de Bolívar y un Lido con una oferta permanente, con un Prado Centro convertido con todas las luces en un verdadero distrito gastronómico, patrimonial y cultural. Puede profundizarse hasta la De Greiff llena de viviendas de interés social, puede conectar con el corredor de Ayacucho, de Junín, del Hueco y toda su vida comercial. Puede ser la excusa para repensar la ocupación vehicular de las calles del centro y acabar con los tacos que tanta vida nos roban.

Liberemos a la Santa Elena y revitalicemos La Playa. Medellín, soñemos con un mañana mejor, vos sos capaz.

¡Ánimo!

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-henao-castro/

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