La democracia es compleja; ¿y qué?

“Una de las dificultades de la defensa de la democracia es que nos compromete a un tipo de lucha sin las grandes ilusiones a que estamos acostumbrados, como es por ejemplo la ilusión de tener una meta absoluta que dé solución a todos los problemas”. Era 1989 y Estanislao Zuleta hacía esta afirmación en una conferencia dirigida a los miembros del M-19 en el campamento Santo Domingo en Toribio, Cauca, durante el proceso de paz. No sé si Gustavo Petro estaba presente en el público ese día, pero si asistió parece que no le paró bolas al pensador antioqueño, quizá ya pensaba en su futuro electoral más allá de la lucha armada.

Complejizar la democracia, esto es preguntarse ¿qué es? ¿cómo funciona? ¿cuáles sus aciertos, errores y riesgos? ¿cómo se construye? ¿cómo se muere?, es lo que, en mi opinión, ha hecho falta en sociedades democráticas, partidos, organizaciones y comunidades últimamente.  El dato, repetido insistentemente en los últimos años, que dice que cerca del 72% de la población mundial vive bajo regímenes autoritarios indica que la promesa de democratización que se vivió en a finales del siglo XX ha llegado a su fin. Vivir bajo una democracia hoy en día es excepcional y, en los próximos años, con el empoderamiento de proyectos extremos en varios países, parece que cada día será más extraordinario.

La democracia es lenta y se rige por procedimientos, tiempos y normas; es gradual, porque incentiva y protege el pluralismo y las voces opuestas; es dispersa dados los múltiples centros de decisión y poder; es incierta pues nunca se sabe quién va a ganar la próxima elección y es el sistema político más exigente para el ciudadano porque lo obliga a informarse, a enterarse, a elegir libremente y a asumir las consecuencias de sus decisiones. La democracia es siempre un proceso en construcción y cambia como los seres humanos y las sociedades. La democracia, en resumen, es un gran reto.  Por eso exige siempre pensarla, problematizarla y complejizarla. Dar por hecho que la democracia existe y existirá es dejarla rodar por el abismo.

Además de ser un sistema complejo y exigente, a la democracia no le faltan enemigos. Hay una izquierda que se ha acomodado al juego electoral y se vende como democrática, pero no cree en la separación de poderes ni en los derechos individuales ni en la banca central independiente, por solo mencionar algunos aspectos.  Para la izquierda las elecciones son otra forma de lucha y el objetivo sigue siendo la revolución y el fin de lo que consideran un invento burgués. Hay también una derecha que desprecia el pluralismo, el libre desarrollo de la personalidad y que no entiende el ejercicio del poder desconectado de la religión. Esa derecha odia el debido proceso y cree que quienes ellos consideran criminales no clasifican para derechos fundamentales.  Ambos sectores desprecian la libertad de prensa.  Están también los grandes empresarios de tecnología que hace algunos años se dieron cuenta que contribuir a la elección de gobiernos autoritarios es un gran negocio para seguir facturando en grande. Estos billonarios tienen el poder de la narrativa, de borrar los límites entre la mentira y la verdad y, con la IA, de diseñar un mundo a su gusto, o al gusto del autócrata de turno, a todo color en vivo y en directo. 

Nos corresponde poner en marcha la defensa de la democracia con tanta energía y contundencia como si fuera un nuevo experimento (siempre lo es) y, con tanta inteligencia y humildad, que reconozcamos dónde ha fallado, dónde se ha quedado corta y quiénes no han salido bien parados.  Es urgente que volvamos a hablar de democracia en las aulas de clase, en el espacio público y en familia. Es igualmente importante que cuestionemos a los candidatos a cargos públicos sobre su idea de democracia. Hay un buen número de autoritarios camuflados.

Finalizo con una buena noticia. A pesar del complejo y oscuro contexto, de la crisis de confianza en múltiples actores y de las alarmas que se prenden por todos los puntos cardinales, los colombianos estamos convencidos de la importancia de la democracia. En una encuesta liderada por la universidad EAFIT, 1700 personas de todas las regiones del país dijeron que las palabras que le venían a la mente cuando se habla de democracia son en su orden: libertad, igualdad, justicia, derechos y respeto. Continuamos valorando el sistema y nuestras expectativas son grandes. Esas expectativas tienen, necesariamente, que ir acompañadas de discusión, reflexión y trabajo.

Hace 37 años Zuleta tenía muy claro que la democracia era un sistema exigente y complejo y que los guerrilleros en camino a la vida civil necesitaban desmontar la idea de la revolución, para entrar en el proceso democrático que logra cambios graduales y que combina triunfos y avances con derrotas y retrocesos. Hoy nos haría bien volver sobre estos asuntos.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/santiago-londono/

5/5 - (2 votos)

Compartir

Te podría interesar