La contribución de EAFIT a la democracia

La democracia es un régimen político cuyo principio es la gestión pacífica del conflicto. Siendo bastante minimalistas su función principal es evitar la violencia política, es garantizar, a través de un sistema institucional, que la diferencia no lleve a la eliminación del otro. La literatura sobre la democracia es muy extensa. Existen diversas definiciones. Unas que refieren a cuestiones de forma (elecciones, libertad de prensa, competencia) y otras que se ocupan de cuestiones sustanciales de filosofía política como la promesa de igualdad. Sin embargo, podría decirse que estas aguas con distinto nacimiento desembocan en el mismo río, en esta pretensión de gestionar el desacuerdo sin violencia.  

El concepto de agonismo político que propone Chantal Mouffe, ayuda mucho a entender este ideal democrático. La filósofa belga se distancia de la búsqueda de acuerdos finales en la deliberación democrática, tal y como lo propone Jürgen Habermas. El objetivo de Mouffe es mucho más modesto, pero más importante. Si la máxima de la democracia es encontrar una forma de relacionamiento político entre actores que evite la guerra, el modo como se enuncian los sujetos debe trascender el binomio amigo — enemigo.

Es decir, entender la política como la relación entre amigos (los que están conmigo) y enemigos (los que están contra mí), supone reconocer la posibilidad de violencia. El enemigo político, en términos de Carl Schmitt, es aquel con el que no se comparte nada, con quien es imposible el diálogo y el acuerdo, quién amenaza la existencia. Lo único que es posible es su eliminación simbólica, y en muchos casos, física. Mouffe revisita esa noción de lo político y la reconfigura con su propuesta de agonismo. A la relación amigo—enemigo que supone entender al otro como amenaza existencial, la filósofa la reinterpreta proponiendo ya no un antagonismo definitivo, sino un agonismo parcial. La democracia es entonces el canal que convierte el enemigo en adversario, aquel con el que no es posible el acuerdo, pero tampoco la violencia. En el agonismo, el otro es un interlocutor legítimo que no se desea eliminar.  

Este agonismo presentado en abstracto en la teoría necesita acreditarse en la vida práctica para la buena salud de la democracia. Más aún, en un país como Colombia— acostumbrado a que las ideas cuesten la vida, que ha utilizado las armas como bandera política— el compromiso con la construcción permanente de un agonismo es mucho mayor. La diversidad de sujetos políticos debe contribuir al establecimiento de una relación entre actores políticos que no derive en eliminación del contrario.

La semana pasada muchas personas atacaron y difamaron a la Universidad EAFIT por contribuir al agonismo político, a una democracia que encauce la diferencia y evite la violencia. En un foro de candidatos al congreso que propuso la Organización Estudiantil y Blu Radio, participó Sandra Ramírez, senadora del partido Comunes.  Hace unos años lo había hecho también Rodrigo Londoño. Las universidades deben promover el humanismo. El diálogo de las antípodas es el camino para modificar los antagonismos absolutos. La democracia es un acuerdo frágil que se renueva día tras día. EAFIT y la academia en general son actores llamados a promover estos espacios. El escenario de la disputa y el desacuerdo es la conversación. Promover el encuentro entre distintos es la contribución que ha hecho siempre EAFIT a la democracia. Ojalá lo siga haciendo porque lo necesitamos.  

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/  

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