El reciente informe de ONU mujeres y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito sobre feminicidios en el mundo es impactante y desalentador; cada diez minutos muere una mujer a manos de su pareja o algún familiar, y la situación no muestra avances significativos.
ONU Mujeres ha propuesto una campaña anual denominada “16 días de activismo contra la violencia de género, que se celebra entre el 25 de noviembre y el 10 de diciembre para promover el fin de la violencia contra las mujeres conectando la celebración del día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres con el Día de los Derechos Humanos.
Justamente ese abordaje conecta con la visión si se quiere moderada de Gloria Steinem al referirse al feminismo como: “no es una idea radical, es una idea simple, comprensible e irrefutable de que las mujeres tienen que ser tratadas como seres humanos”. Por encima de cualquier otro derecho, el derecho a la vida es inalienable y por encima de otras luchas, esta de preservar la vida y el trato digno a las mujeres debería ser el medidor por excelencia de si las luchas feministas están arrojando resultados positivos.
Hasta ahora no vamos bien y un pare en el camino para la reflexión sobre cuáles pueden ser las razones para el poco avance deberían ser la prioridad.
Bell Hooks expresa que “El feminismo es para todos”, aludiendo a que no es asunto de mujeres exclusivamente y que esta lucha por la igualdad de derechos concierne tanto a mujeres como a hombres. Y es allí donde cobra sentido pensar en el papel que los liderazgos masculinos deben tener en la apuesta por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y el cese de las violencias contra las mujeres.
Esto viene a colación porque esta semana se conoció un video en el país donde se puede observar a un hombre iracundo alzando la mano contra una mujer, quien grita para pedir que paren los golpes mientras él responde “Te voy a matar”. En la red social X, el presidente Petro solo atinó a decir de forma desdeñosa: “Yo no me meto en esas peleas. De ahí solo se sale aruñado por todas partes”.
Las mujeres esperamos de los líderes un compromiso irrestricto en la lucha contra la violencia hacia nosotras, no solo desde la palabra- que en este caso particular antes que condenar terminó ridiculizando un intento de feminicidio- sino desde las acciones públicas contundentes para que las mujeres podamos vivir en entornos seguros, donde la violencia no sea el pan de cada día. El presidente Petro falló de forma rotunda en rechazar categóricamente este hecho repudiable. No sé si esto impactará su favorabilidad, porque pareciera que el medidor se estancó, donde es difícil que baje, sin importar lo que haga. Pero no se puede pasar por alto_ ni por hombres, pero mucho menos por las mujeres_ que su mensaje encierra un desprecio por el padecimiento de miles de mujeres que a diario sufren las violencias, llegando hasta la muerte, en muchos casos.
Las luchas feministas han volcado acciones en muchos frentes: económico, social, político, ambiental, familiar, personal, entre otros. En muchos de ellos hemos avanzado en poco más de dos siglos, pero las violencias persisten y moldean trayectorias de vida injustas y desventajosas para nosotras, conforme emergen visiones más radicales del feminismo. Así las cosas, vale la pena preguntarte como lo hace Sergio Molina en su libro “Ellas”: “Se hace urgente la prevalencia de la estrategia temática y modal… ¿cuál es el propósito fundamental y constante de sus objetivos? ¿Cuál la estrategia? ¿cuáles los estándares de evaluación? ¿Cuál la línea de tiempo para los resultados?… Esto debiera reflejarse en cifras que demuestren menos casos de violencia y constreñimiento con motivaciones de género.”
Afirma Molina que el punto de igualdad entre los dos géneros debe ser la humanidad y dignidad de ambos. No podría estar más de acuerdo. Ese debería ser el punto de encuentro, sin que tengamos que añadir florituras que nos dejan más exhaustas y enfermas, porque en ellas somos las super poderosas, las que ya no lloramos, sino que facturamos, las multitareas que todo lo podemos. En eso han derivado algunas de las luchas feministas: nos queremos vender como las “más” porque si no, no valemos igual que los hombres. No, no y no. Las mujeres somos seres humanos en igual dignidad que ellos por el solo hecho de existir. Merecemos respeto, merecemos vivir con dignidad y no tener que morir en el intento.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/