Fajardo está presente en las palabras de Roosevelt, el expresidente de Estados Unidos. Pero no en las de Franklin Delano, sino en las de Theodore. Del famoso discurso ‘Ciudadanía en una República’, pronunciado en La Sorbona, en París, en 1910, ha trascendido un fragmento: ‘El hombre en la arena’.
“No es el crítico el que cuenta; ni el hombre que señala como el fuerte tropieza, o donde el realizador de hazañas podría haberlo hecho mejor”. Así empieza este pasaje que enaltece a quien se esfuerza activamente, arriesgándose y fallando, por encima de los críticos que observan pasivamente desde la barrera.
Fajardo (@sergio_fajardo) ha dicho: no me busquen más defectos, no me critiquen más, ayudenme, más bien, a ganar. Hay personas que no se cansan de criticarlo e, incluso, de responsabilizarlo de un hipotético triunfo de alguno de los extremos, de Cepeda (@IvanCepedaCast) o de Abelardo (@ABDELAESPRIELLA). Y lo responsabilizan a él, ingenuamente, porque, en últimas: “todos quieren con Fajardo”. Tanto los de derecha como los de izquierda quisieran que estuviera con ellos, o al menos participase en alguna de las consultas, lo que ratifica que él está bien ubicado en el justo medio, en el centro.
“El reconocimiento pertenece al hombre que está realmente en la arena, cuyo rostro está manchado de polvo, sudor y sangre; que lucha valientemente; que se equivoca; quien se queda corto una y otra vez, porque no existe esfuerzo sin error ni deficiencia; pero que se esfuerza realmente por realizar proezas; que conoce el gran entusiasmo, la gran devoción; quien se fatiga el mismo en pos de un noble empeño; quien si al final, todo va bien, conoce el triunfo que significa alcanzar un gran logro, y si sale mal, si falla, al menos falla atreviéndose formidablemente, de modo que su lugar nunca debe estar junto a esas frías y tímidas almas que no conocieron ni la victoria ni la derrota”.
Fajardo ha estado en la arena desde 1999 cuando fundó Compromiso Ciudadano (@compromisociu), y ha participado activamente en siete contiendas (2000 y 2003 en Medellín, 2011 en Antioquia, 2010, 2018, 2022 y 2026 en Colombia). Ha perdido y ha ganado valientemente: alcalde, gobernador, candidato vicepresidencial y presidencial. Sin embargo, en la actualidad, en medio de una competencia electoral estructurada por la polarización, la arena de la política colombiana lamentablemente no premia la moderación. Pero a diferencia de muchos de sus críticos, que jamás administraron una ciudad o un departamento, Fajardo ha tomado decisiones con consecuencias reales.
En un país donde la política se volvió un espectáculo de extremos, Fajardo encarna una anomalía: la de quien decidió competir sin traicionarse a sí mismo, por eso su principal virtud es la coherencia. Puede que esa decisión no haya sido electoralmente exitosa; pero, como sugiere Roosevelt, el juicio histórico no se agota en el marcador. A veces, el valor está en haber estado ahí, cuando lo fácil era gritar desde la tribuna, como lo hacen muchos de sus críticos, a diestra y siniestra.
Aplaudo que Fajardo haya decidido no participar de ninguna de las consultas para llegar a la primera vuelta presidencial, porque si sale mal, al menos falla atreviéndose formidablemente como lo está haciendo en esta elección o, si sale bien, conocerá lo que significa alcanzar la Presidencia de la República (@infopresidencia). Por todo esto, Fajardo no debe estar junto a esas frías y tímidas almas que no conocen ni la victoria ni la derrota.
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