Espere y verá me acomodo

Este dicho: tengo estos principios, si no le gustan, tengo otros.

Y en ese otros cabe cualquier cosa: por ejemplo, votar, unirse, aceptar un candidato sobre el que hay muchos cuestionamientos porque cualquier cosa, menos el candidato de la izquierda, el del presidente. Y cualquier cosa es cualquier cosa. Parece una película que se repite: subirse a la Rodolfoneta con tal de que Petro no ganara, aunque esa Rodolfoneta tuviera tantísimos peros.

Tengo otros principios, nos acomodamos tranquilos.

Porque el miedo a la izquierda sigue siendo ese demonio al que se le tiene pavor —como si no hubiera más argumentos salvo repetir como loros no pensantes. Como si no hubiera dictadores de derecha —es mejor centrarnos en los mismos ejemplos de siempre—, porque el problema no es en cuál parte del espectro se enmarca un mal gobernante que atente contra el pueblo —y ejemplos actuales sí que hay de sobra.

Pero preferimos eso, vendernos a cualquier cosa que no tenga la etiqueta.

My lord, espere, tengo otros principios que le sirven mejor.

Es extraña la escala de valoración en la que nos movemos. Llevamos casi toda la vida con gobernantes de derecha que no lo han hecho bien versus uno de izquierda que no lo ha hecho bien, pero al que desde el primer día le vaticinaron lo peor. Así que todo es preferible con tal de volver a esa escala del espectro. ¿Por qué no nos da miedo un candidato cuestionado, que amenaza con palabras, que hace comentarios racistas, que ha cambiado de bandos, que no es confiable?

Sin embargo, al candidato que se fue a ver ballenas, ah, tibio por siempre. El candidato que habla de rectitud, de decencia, de no corrupción, de esas cosas que deberían tener todos los candidatos y gobernantes, a ese no le pasamos ni media y le cobramos todo: ahí va cayéndose en las encuestas porque no quiso sumarse a otros (que debería, es hora de sumar fuerzas) y porque al final, digamos, nos parece aburrido: le falta la fuerza tiktokera que nos emocione, que nos haga decir, iloveyou, te perdonamos las ballenas y más.

Es raro porque si buscáramos la opción de la mitad, Fajardo sería la obvia. Pero es que es tan tibio, terminamos diciendo. Y pues sí, él nos ha decepcionado varias veces, pero esa es la pregunta: ¿y por qué los otros no nos decepcionan tanto, por qué tanta capacidad de perdón para unos, tanta capacidad para cerrar los ojos por unos? ¿Con qué escala medimos, por qué a unos nos les lanzamos con ojos cerrados, y luego decimos que no sabíamos cuando sí, obvio que sí sabíamos? ¿Por qué somos tan poco exigentes en general? Tengo otro ejemplo: quizá el ego no deja ver a Fajardo más allá para buscar alianzas (por ahí leí en X que lo describen con superioridad ética, académica, filosófica), pero ¿y el ego de Petro qué? 

Para ser presidente se necesita preparación y capacidad de liderazgo —solo por empezar la lista— y eso es lo que se nos ha olvidado: ahora cualquiera se lanza y la prueba está ahí: la cantidad de candidaturas de gente egocéntrica que cree que tiene las capacidades para ser presidente porque hay ganas. El último ejemplo son los esposos aquellos, como al uno no lo dejaron inscribir, pues ella asume: ¿Cuál es su carrera política, su experiencia para dirigir un país? Ejemplos hay muchos más.

Un acto simple de corrupción también es ejercer un cargo para el que no se está preparado. Tenaz querer ser presidente con tan poca preparación. Ya nos pasó una vez, pero eso también se nos olvidó.

Porque tengo unos principios, pero si no les sirven, espere y verá.

Quizá nos falta hacer algo muy poco épico: una lista. Preguntas básicas antes de decidir apoyar a alguien. ¿Ha cambiado de bandos como de camiseta? ¿Tiene cuestionamientos serios sin responder? ¿Sabe hacer algo más que gritar y subirlo a TikTok? Y si la respuesta es sí, no es ay, pero es que el otro, pero esperá acomodo mis creencias porque qué miedo. No es no. Hay que reflexionar, no acomodarse, sostenerse en los principios. ¿Por qué conformamos?

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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