El progreso en discusión

En medio de tantas noticias sobre el devenir del país y de sus ciudades, a veces es complejo dar una conclusión sobre si verdaderamente hay avances o no en el bienestar de la gente. Entre ideologías, abundante ruido y pos verdades, los ciudadanos tienen pocas certezas sobre una pregunta clave ¿avanzamos, nos estancamos o retrocedimos? 

¿Cómo juzgar si un gobierno en particular funcionó para lo que ha establecido la sociedad como acuerdo básico, a través de la Constitución?

Usualmente las respuestas fundamentadas tienen en cuenta información objetiva para respaldar mediciones que buscan integrar diversos aspectos del bienestar de la gente. La medición más reconocida es el Índice de Desarrollo Humano -IDH- que incluye el PIB per cápita y variables de educación y de salud.

Más recientemente han surgido otras mediciones como el Índice de Progreso Social-IPS- Este índice, creado en 2014 por el Social Imperative Progress busca medir el bienestar de la gente de forma rigurosa, tomando para ello solo variables sociales y ambientales, y dejando solo como referente de comparación el ingreso per cápita. El principal objetivo del IPS, además de su comparabilidad entre regiones y países y el seguimiento a través del tiempo, es que sea accionable. Esto es, que los resultados para sus tres dimensiones: necesidades básicas, fundamentos del bienestar y oportunidades, y las variables que las componen, puedan ser objeto de políticas que las impacten positivamente no sólo desde el accionar público, sino también desde el privado y filantrópico. 

En el más reciente informe mundial de la medición del IPS para 2026 se pone de manifiesto un peligro cada vez más latente de retroceso en las ganancias obtenidas en calidad de vida de las últimas décadas. Lo anterior se explica principalmente por lo que viene ocurriendo con Estados Unidos y Rusia. En esta última medición de 171 países, 50 retrocedieron en el índice. Y en un periodo donde se habla tanto de sostenibilidad, las variables relacionadas con reciclaje y calidad del aire, por ejemplo, no han mejorado en los últimos quince años.

Ahora bien, Colombia mostró un avance significativo entre 1990 y 2020. Pasó de un índice de 54,51/100 a 71,98/100. En comparación con Chile y Venezuela se tienen dos patrones distintos. Ambos países arrancaron en 1990 con un índice superior a Colombia, el primero con 68,1 y el segundo con 67,17; no obstante, treinta años después, mientras Chile mantuvo una tendencia creciente en su progreso social y se ubicó en 84,8, Venezuela evidenció una tendencia de descenso sostenido a partir del año 2010, ubicándose en 2020 por debajo de Colombia, con 64,75.

En 2026, Colombia tuvo un índice de 69,63, descendiendo en casi dos puntos frente al 2020. Se ubicó en el puesto 67 de 171 países. Seguridad y educación básica son los aspectos donde Colombia se desempeñó peor. La cobertura en educación primaria, el logro escolar en secundaria e igual acceso a educación de calidad, este último es el aspecto con peor evaluación, ocupando el puesto 128/171. En seguridad, el aspecto peor evaluado es la violencia interpersonal (puesto 162/171).

En el caso de Venezuela, el retroceso en bienestar social es más que evidente. En 2026 el índice fue de 57,32, perdiendo 7,4 puntos en los últimos seis años. En las tres dimensiones evaluadas ocupó puestos por encima de 100, siendo el peor el de las oportunidades donde se ubicó en el 130. Allí, los aspectos relacionados con los derechos políticos y la percepción de corrupción se ubican entre los peores en el mundo. Por su parte, en los fundamentos del bienestar los aspectos peor evaluados y ranqueados son los del igual acceso a salud y educación de calidad, mostrando una sociedad altamente desigual.

Tratar de medir objetivamente los gobiernos es posible, más allá de los discursos cargados de ideología. Venezuela es un ejemplo palpable de lo anterior. No solo los derechos políticos vienen siendo vulnerados, sino que también se ha destruido la capacidad del Estado para generar bienestar a la población.

Por su parte, en Colombia la medición del índice muestra una señal de alerta pues en seis años perdimos casi dos puntos de progreso. Pero más allá de esta preocupante tendencia, nos muestra la agenda que deberíamos estar priorizando y discutiendo hoy y que, lamentablemente, de nuevo la estamos dejando pasar: los bajos logros en educación y especialmente las brechas en el acceso a una educación de calidad. Este gobierno que ya termina se enfocó principalmente en impulsar una reforma a la salud, justo el aspecto donde mejor nos va en términos relativos (puesto 46/171). Hoy con un sistema colapsado, muy posiblemente los buenos resultados construidos en más de dos décadas se vayan diluyendo, jalonando un mayor retroceso en el progreso social del país.

¿Cuál será el principal criterio del votante en las próximas elecciones para congreso y presidencia? ¿Habrá alguna discusión alrededor de si en verdad estamos progresando o retrocediendo? Y ¿cuáles son los factores clave que lo explican? Si avanzamos en una discusión de esta naturaleza con dos o tres temas en la agenda, habremos ganado como país. 

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/

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