Sentir miedo es una emoción legítima. El miedo es la contraposición a la confianza. Y el miedo a Iván Cepeda no radica en un sesgo o en un mero fantasma. El miedo al candidato de la continuidad está asociado a lo que ha dicho, a lo que ha callado y, también, a lo que ha hecho.
De ese comportamiento se puede derivar que el candidato Iván Cepeda no gusta de los acuerdos. Ni encuentra fallos graves en el incumplimiento de los acuerdos. Es por eso, que el candidato y arquitecto de la política —fallida— de ‘Paz Total’ sigue viendo viable una nueva oportunidad a quienes incumplieron el acuerdo de paz del Estado colombiano con las Farc y optaron por regresar a las armas y desde la clandestinidad ordenaron asesinar a un candidato político.
A Cepeda no le gustan los acuerdos. Y por eso sigue teniendo una posición ambigua frente al llamado a una Asamblea Constituyente. Un cambio radical en nuestra constitución de 1991 no es solo patear el que es nuestro acuerdo social y jurídico más importante de la historia reciente, sino desconocer la historia que mostró que es capaz de llegar a acuerdos en medio de la diversidad y contraposición ideológica.
Iván Cepeda se ha querido mostrar como un hombre sereno, tranquilo y que no deja espacio para la improvisación. Simultáneamente no ha buscado diferenciarse en el método del gobierno que pretende suceder. Si en algo se ha caracterizado Gustavo Petro es en ir en contra de la evidencia para privilegiar la ideología.
Ese comportamiento pone en riesgo la estabilidad misma de la democracia. Pues la retórica ideológica es capaz de distorsionar la realidad. No importa la investigación del crimen de un candidato presidencial, ‘lo asesinó la junta del narcotráfico’; se cayó un avión militar, ‘era chatarra voladora’; hay indicios de corrupción en Ecopetrol, ‘es una persecución’ y la lista podría continuar hasta que lleguemos al reino de los pitufos.
Con la negativa hasta ahora de Iván Cepeda para participar de debates en medios de comunicación masivos, el candidato también termina por desnudar algunos rasgos de su personalidad. Así no se comparta la línea editorial de algunos medios de comunicación, ellos están en democracia. Eludirlos en esta etapa de la dinámica electoral solo puede dar cuenta del que sería su talante en el gobierno con quienes vigilan del poder.
Por eso considero que en esta elección es mejor bueno que perfecto. Quien teniendo responsabilidades públicas no entienda este riesgo o no actúe a tiempo será cómplice del desdén por los acuerdos y las consecuencias que ello podría traer para todos en el país.
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