El drama

Kristoffer Borgli tumbó el género de la comedia romántica, recogió del piso sus pedazos, les sopló el azúcar y las lágrimas fáciles y construyó una obra preciosa. El director noruego que ya había sido celebrado con “Sick of Myself”, compuso una película llena de complejidad e imaginación. “The Drama”, protagonizada por Robert Pattinson y Zendaya, es el hilo que brilla en las aguas más bien turbias de las comedias de pareja.   

La película enciende un fuego principalmente por la elección de narrar las ambigüedades morales, por pensar a los seres humanos como sujetos enfrentados a sí mismos, con sus premisas axiológicas y sus imperativos. Los dilemas éticos son el viaje hasta la orilla del río Aqueronte, que hacemos en una barca, esta vez conducida por Borgli y no por Caronte. A partir de ahí vemos en el primer círculo del infierno moral que presenta la historia, el dilema por despedir o no a una DJ que fuma heroína. Luego nos preguntamos por las implicaciones de que una niña encierre en un cuarto a un niño con déficit cognitivo. Terminamos el viaje cuando llegamos al hermoso conflicto de la película: la planeación de un tiroteo masivo.    

Acá tuvimos que parar el barco porque la luz no nos dejó avanzar más. Quedamos paralizados con tanto brillo. Borgli decide ponerse político y meterse en arenas movedizas. Con mucha valentía les plantea a sus espectadores que el fenómeno de los asesinatos en masa en las escuelas estadounidenses tiene un componente importante de imitación, de normas sociales, de responsabilidad socialmente compartida. Que todos y todas estamos implicados ahí. Su abordaje se aleja de la moralina habitual y deja ver todas las costuras de una realidad de la que solemos ver solo la portada, a través, además, de malos titulares de prensa.

Estando en ese terreno de donde es difícil salir sin los zapatos empantanados, elabora una inteligente reflexión sobre el matoneo. Y no siendo suficiente, decide caminar más en el pantano para dejar una pregunta sobre los roles de género, cuando la Emma niña corrige a su compañera, a propósito de la participación de mujeres en homicidios en masa. Desde ahí dirige la linterna para iluminar cómo las sociedades patriarcales han borrado la participación de las mujeres en ciertos asuntos, o cómo otros discursos despojan su capacidad de agencia, incluso en cuestiones como los asesinatos. Como si la monstruosidad fuera otro lugar, otro más, cerrado para las mujeres. Pareciera que el director nos insinuara: ¿Pese a ser un fenómeno eminentemente masculino, no son las mujeres también posibles agentes de la muerte?

Más adelante, ya con ojos habituados a tanta luminosidad, nos encontramos con una elaboración sobre lo que en psicoanálisis rupestre podríamos llamar los niños y las niñas heridas. Las escenas de Charlie con la joven Emma son una bella manera de representar cómo en las relaciones amorosas nos las tenemos que ver con el pasado de nuestras parejas, con sus infancias y las huellas que dejaron en sus existencias.  

Todo el brillo de la historia termina de tomar forma cuando quienes estamos frente a la pantalla, en medio de este viaje moral, nos cagamos de la risa. La construcción sofisticada del absurdo, que nos hace pensar en “Carnage” de Roman Polanski, o en la maravillosa Romina de “Relatos Salvajes” con su “filmáme esto, Néstor”. O las risas cuando vemos interactuar a los dos tipos de pareja, la ultraprocesada y la artesanal, la producida en serie y la tejida a mano. En una de esas escenas vemos a Rachel decir que Mike había vivido entre armas, y luego nos reímos mucho.  

El director decide terminar abriendo la caja de las fórmulas cinematográficas del género, como para recordarnos después de tanto encandilamiento, que estábamos viendo una comedia romántica. Kristoffer Borgli nos devolvió el entusiasmo por este tipo de películas, en la misma sala en la que habíamos visto, hace una semana, que la imaginación de Jim Jarmusch se estaba secando. “The Drama” no es la redención de los directores venidos a menos,  ni de un género. Es una invitación a que el amor contemporáneo comience a narrarse desde la contradicción, el absurdo y la incomodidad ética. Borgli no vino a salvar las comedias amorosas, vino a ensuciarlas con el barro de los dilemas morales y las posturas políticas, para devolverles la vida. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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