El día después de la euforia

El silencio que mantuve durante estas semanas fue la expresión de una incapacidad de discernir con la suficiente claridad que exige la palabra escrita. No encontraba ordenar la totalidad de mis ideas; algunas de ellas —quizá— se quedaron en el colador que busca separar el ruido de la propuesta.  

Con el cierre de las campañas, el preconteo y el avance de los escrutinios se ha dicho hasta el cansancio sobre la necesidad de que los candidatos entiendan que la política electoral quedó atrás y es momento de ejercer las políticas; es decir, el gobernar. Es cierto. Pero la ecuación está incompleta si no pedimos también que los ciudadanos pasen de la euforia y la frustración a la conciliación. 

Este domingo se vio una euforia por los resultados en las urnas que yo no recuerdo haber visto: caravanas, pitos y vuvuzelas desde los balcones, juegos pirotécnicos y otras expresiones de celebración. Sin duda la política es de pasiones, pero hay que llamar a la ponderación. La pasión ciega la razón. 

Si bien estamos ante los resultados más apretados en la historia del país, lo más preocupante es que se ha desnudado una grieta que puede terminar por convertirse en una herida. Para eso, lo primero será respetar la voz de las urnas: hoy separan al ganador del segundo apenas 250 mil votos. En 2018, Sergio Fajardo no pasó a segunda vuelta por 260 mil y no llamó a buscar votos debajo de las piedras. La grandeza es no buscar incendiar la confianza en el sistema. 

Ante un país fracturado casi exactamente por mitades, el camino que queda no es el de la sumisión ni el de la resistencia violenta; el llamado legítimo es a hacer oposición. Una oposición rigurosa, que vigile y contenga, indispensable para que esa otra mitad que hoy no celebra no sea borrada del mapa. Que la emoción y las caravanas de estos días no sean el preámbulo del fanatismo, sino el inicio de una vigilancia ciudadana activa.

Al final, de lo malo queda lo bueno. Esperemos que el interés de los empresarios por la política no sea efímero, que la abstención en sus mínimos históricos no sea un asunto de un día y que esta pasión electoral encuentre el camino para construir cultura democrática y no un partido de vencedores y vencidos. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/daniel-palacio-2/

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