El consenso silencioso

César Herrera De la Hoz, 21 de mayo de 2026

A diez días de la primera vuelta, vale la pena leer en conjunto las propuestas de seguridad de los candidatos y preguntarse qué tiene en común el espectro político en torno a uno de los problemas más urgentes del país. Bogotá Cómo Vamos publicó esta semana un análisis comparativo de ocho aspirantes, y ese material sirve como punto de partida. Pero al cruzarlo con los programas escritos y las entrevistas de los últimos meses, lo que aparece no es lo que uno esperaría, dado el ruido del debate público.

Lo primero que se ve es lo previsible: un catálogo de fuerza. Paloma Valencia propone 30.000 militares y 30.000 policías adicionales. Sergio Fajardo, 40.000 policías nuevos y la duplicación de los grupos Gaula. Santiago Botero plantea una fuerza especial de 100.000 integrantes, a la que llama “Templarios”, y tres megacárceles. Abelardo de la Espriella propone siete megacárceles y la fumigación de 330.000 hectáreas. Roy Barreras, 10.000 drones inteligentes conectados a centros de monitoreo. Más policías, más militares, más cárceles, más tecnología.

Eso es lo que llena los titulares. Pero hay algo más, y es lo interesante.

Al leer con cuidado lo que cada candidato ha publicado en su programa, emerge un consenso. Paloma Valencia organiza su propuesta en torno a las “4R”, y la primera es reducir los ingresos de los ilegales mediante inteligencia financiera y la extinción de dominio. Iván Cepeda propone fortalecer la Unidad de Información y Análisis Financiero –UIAF, la pieza central del aparato antilavado del Estado– y crear una unidad especializada en macrocorrupción. Claudia López ha hecho de la Fiscalía Antimafia el eje central de su programa de seguridad. Abelardo de la Espriella incluye un bloque de búsqueda contra la corrupción que también recurre a la inteligencia financiera y a la extinción de dominio exprés. Sergio Fajardo pone la recuperación de la inteligencia estratégica como prioridad para los primeros 100 días.

Cinco candidatos de derecha, izquierda y centro coinciden en algo concreto: que la economía criminal en Colombia no se desmonta solo con más policías. Se desmonta también y, sobre todo, persiguiendo el dinero. Esa coincidencia es notable en un país donde el debate político suele caricaturizar las posiciones del adversario hasta hacerlas irreconciliables. Y sin embargo, no es noticia.

¿Por qué? Una primera razón es estructural. No ha habido un debate real entre los principales contendores. Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, los dos primeros lugares en buena parte de las encuestas, no se han enfrentado en un mismo escenario con un moderador común. La conversación pública sobre seguridad ha ocurrido en piezas sueltas: entrevistas separadas, foros parciales, programas escritos que casi nadie lee. Sin ese contraste directo, las coincidencias quedan invisibles.

Pero hay una razón más incómoda. La economía criminal es un fenómeno abstracto, distante, técnico. Un policía adicional en la esquina es algo que el ciudadano de a pie puede imaginar y desear. Una UIAF fortalecida no lo es. Y los candidatos, que también leen encuestas, saben que prometer policías en la calle conecta emocionalmente con el miedo cotidiano de la gente. Prometer inteligencia financiera no. Así que el tema queda en los programas escritos, no en los discursos de plaza ni en los recorridos. Hay una desproporción entre la naturaleza del problema –estructural, financiero, de largo plazo– y la de las soluciones que la conversación pública está dispuesta a procesar.

Eso no se resuelve con buenos programas. Se resuelve cuando los candidatos asumen el costo de explicar lo invisible: cómo se sigue el dinero, por qué eso debilita más a las mafias que un operativo espectacular, qué resultados puede mostrar una unidad de inteligencia financiera.

El 31 de mayo estaremos eligiendo, en parte, entre opciones que coinciden más de lo que el debate público admite. Hay un consenso silencioso sobre cómo enfrentar la economía criminal. Pero ese consenso no ha llegado al ciudadano de a pie. Y mientras eso no ocurra, quien gane el domingo 31 va a heredar dos cosas: el problema real y una conversación nacional que todavía no ha aprendido a discutirlo.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/cesar-herrera-de-la-hoz/

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