El centro no ganará, pero sí decidirá
En las elecciones presidenciales, no va a ganar un candidato de centro, pero sí decidirá quién lo hará.
Las encuestas publicadas en la última semana (Invamer (@Invamer) para Noticias Caracol (@NoticiasCaracol), Guarumo para El Tiempo (@ELTIEMPO), AtlasIntel (@atlas_intel) para Semana (@RevistaSemana), GAD3 (@GAD3_com) para RCN (@NoticiasRCN) y el Centro Nacional de Consultoría (@CNCSocial) para Cambio (@estoescambio)) convergen en una fotografía: Iván Cepeda (@IvanCepedaCast) ronda el 35% y pasa con holgura a segunda vuelta; Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) parece haber alcanzado un techo cercano al 25%; y Paloma Valencia (@PalomaValenciaL), aunque crece a menor ritmo tras el 8 de marzo, mantiene una curva ascendente que la deja hoy alrededor del 20%, en una posición competitiva para disputar el segundo lugar.
Pero la clave está en el “centro”. Una masa crítica compuesta por tres segmentos: los que se autoidentifican de centro; quienes hoy declaran intención de voto por Sergio Fajardo (@sergio_fajardo) que tiene alrededor del 3% o Claudia López (@ClaudiaLopez) con el 2% aproximadamente; y, sobre todo, los indecisos, que en varias mediciones superan el 15%, y que aún no responden o no sabe por quién votar. Ese “centro” suma cerca del 20%.
Ese votante de “centro” es moderado en sus posiciones, es decir, no está radicalizado hacía a alguno de los extremos que representan Cepeda en la izquierda y Abelardo en la derecha. Es decir, no está polarizado, y por eso, aunque tenga intención de votar por Fajardo o por Claudia, esos votos son muy difíciles de endosar. El elector de centro no sigue instrucciones; es crítico y toma decisiones. Y lo hace, en buena medida, a partir de una concepción pragmática del poder.
Norberto Bobbio en ‘Derecha e izquierda’ (1994), planteaba que la democracia no se sostiene en la pureza de los extremos, sino en la existencia de un espacio de mediación donde las diferencias pueden tramitarse sin anularse. El centro, entonces, no es una posición ideológica rígida, sino una zona de equilibrio dinámico. En Colombia, ese espacio no está representado por una candidatura fuerte, pero sí existe una masa crítica de votantes que, al no estar polarizados, terminan decidiendo estratégicamente entre opciones imperfectas de centro, centro-izquierda y de centro-derecha, privilegiando la viabilidad electoral sobre la identidad ideológica.
Ahí aparece Paloma. No es una candidata de centro. Pero es, hoy, la candidatura menos lejana al centro con opciones reales de llegar al poder. Su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr), no solo amplía el espectro técnico ligado al centro, sino que envía una señal de apertura ideológica que reconfigura la posición de Paloma en el tablero. El ‘Ponderador de encuestas’ de La Silla Vacía (@lasillavacia) es claro: Paloma es la única candidata con capacidad de derrotar a Cepeda en segunda vuelta.
Esto no significa que el centro se derechizó. Significa que el centro ha analizado entre opciones imperfectas de centro, centro-derecha y centro-izquierda, y que en ese proceso terminará votando por quien, estando lo menos alejado del centro, tenga posibilidades reales de llegar al poder.
Esa persona es, según todas las encuestas, Paloma Valencia.
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