El centro de papel

La derecha ya gobierna, la izquierda ya hace oposición y el centro todavía está corrigiendo el prólogo de su próximo manifiesto.
Aunque Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) y José Manuel Restrepo (@jrestrp) solo se posesionarán el 7 de agosto, actúan como si ya gobernaran: anuncian ministros, proyectan políticas, visitan territorios, conversan con las altas cortes, organizan mayorías parlamentarias.

Gustavo Petro (@petrogustavo) e Iván Cepeda (@IvanCepedaCast), entretanto, tampoco esperaron el cambio de mando: construyen el relato de la ilegitimidad, cuestionan las elecciones y ensayan la resistencia contra un gobierno que aún no comienza.
El gobierno y la oposición entendieron que la política no se va a ver ballenas. ¿Y el centro liberal? Publica manifiestos.
No desconozco la trayectoria ni la capacidad intelectual de quienes firmaron el “Manifiesto del centro político” del 9 de junio y el del 9 de julio de este año. José Antonio Ocampo (@JoseA_Ocampo), Alejandro Gaviria (@agaviriau), Cecilia López (@CeciliaLopezM), Moises Wasserman (@mwassermannl), Juan Camilo Restrepo (@RestrepoJCamilo), Juan Daniel Oviedo (@JDOviedoAr), Andrés Caro (@andrescarob), Mauricio Garcia (@mgarciavillegas), entre otros. Precisamente por eso decepcionan tanto los manifiestos.

El primero reunía, después de la primera vuelta presidencial, quince asuntos razonables, pero parecía el índice de un documento elaborado para no incomodar a nadie: Constitución, seguridad, educación, salud, crecimiento económico y moral pública. Poco decía sobre cultura, ciencia, inteligencia artificial, transformación productiva, crisis climática o nuevas ciudadanías. Hablaba de pobreza, pero diluía la desigualdad, el problema más estructural.

El segundo manifiesto, después de la segunda vuelta, mejora el diagnóstico institucional: rechaza la desobediencia civil de Cepeda pero advierte sobre los riesgos de Abelardo. Políticamente correcto. Por eso mismo: insuficiente.
El problema principal del centro liberal no es programático. Es político.

Tiene expertos, exministros, profesores, excandidatos y líderes de opinión, pero carece de organización, militancia, disciplina, identidad, vocación de poder, liderazgos. Confunde moderación con contemplación e independencia con neutralidad. Mientras el Pacto Histórico (@PactoCol) consolida un partido, liderazgos, bases territoriales y narrativa; y las derechas (Centro Democrático (@CeDemocratico), Salvación Nacional (@MovSalvacionNal), Defensores de Patria (@defensoresco) y Creemos (@creemosco)) buscan reagruparse en torno al vencedor; el centro se reúne alrededor de una carta publicada en redes sociales.

En la primera vuelta, De la Espriella y Cepeda concentraron el 85% de los votos: la “polarización” dejó de ser solamente un clima emocional y se convirtió en nuestra estructura electoral. Esa es la realidad y no es para ponerse a llorar.
¿Quién coordinará la “independencia” entre 2026 y 2030? ¿Cómo se defenderá la Alcaldía de Bogotá (@Bogota) de Carlos Fernando Galán (@CarlosFGalan) en 2027? ¿Qué liderazgos se formarán en municipios y departamentos? ¿Cuál es o será el partido del centro liberal? ¿El Nuevo Liberalismo (@NvLiberalismo)? ¿Habrá un proyecto presidencial de centro para 2030?
Sin respuestas, el centro político seguirá siendo una comunidad de personas lúcidas que explica brillantemente por qué el país está cómo está, qué se debería hacer, pero sobre todo, por qué otros ganan las elecciones.

Los manifiestos pueden orientar una conversación pública. Pero el contenido no sustituye el programa de un partido, sus firmantes no responden a una militancia, el sentido del mismo no es una estrategia, su publicación no hace parte de una táctica y quien lo publica no es su líder natural.

Mientras el centro redacta documentos para salvar la democracia, la derecha y la izquierda se organizan para gobernarla. Esa es la diferencia entre los extremos de carne y hueso, y el centro de papel.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-felipe-suescun/

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