El panorama electoral colombiano está hecho un desorden terrible, una telaraña densa formada por casi media centena de candidatos presidenciales se enredan, sin superar el 1 % de intención de voto en ninguna encuesta. Pobre ciudadanía, que debe entender un escenario megafragmentado en el que no solo pululan los candidatos, sino que además debe estar al tanto de nuevos partidos y movimientos políticos que surgen cada 8 días.
Y es necedad, o quizás patadas de ahogado, lo que sigue sosteniendo este escenario fragmentado. Pues ya hay una tendencia clara en todas las encuestas y mediciones digitales, el ciudadano colombiano ya agrupó en su cabeza y ordenó estas elecciones en tres grandes bloques: izquierda, centro y derecha. Con un representante por cada uno: Cepeda, Fajardo y Abelardo.
Las resistencias, que son las que mantienen en pie a las candidaturas del 1 %, que esperan un milagro que las haga crecer, se sostienen sobre todo en cuestionamientos hacia la idoneidad de esas cabezas que han surgido en cada bloque. Es que no son buenos candidatos, dicen…
Pero discrepo por completo, el buen político es el que logra identificar a buena parte de la población con su candidatura. Y esto es una verdad incluso por fuera de la democracia, no importa el sistema, siempre habrá que sostener una legitimidad. Tampoco es una cosa de ahora, ni consecuencia de las redes sociales o de una supuesta estupidización de la sociedad. En el año 64 a.C. Quinto Cicerón le escribió a su hermano Marco Tulio un manual de campaña para las elecciones romanas, un testimonio que nos permite saber que el arte esencial de la política, ese de seducir y conectar, no ha cambiado en 2000 años.
El buen candidato no es el que fue a Harvard, no es el que habla inglés, no es el que se viste de cierta manera, no es el que conjuga bien los verbos; el buen candidato es el que conecta con la gente, y ya todas las mediciones consistentemente nos muestran que en Colombia hay 3 personas con esas características. El cerebro humano es una maravillosa máquina de simplificación de problemas y escenarios, crucial para nuestra supervivencia; y la ciudadanía colombiana entendió estas elecciones primero que su clase política.
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