En una situación como esta, el país político y la sociedad civil de Colombia tendrían que rechazar por todos los medios y con todas las voces la inclusión del Presidente en la llamada “lista Clinton” por arbitraria, injusta y sin pruebas: todos sabemos que Petro no es un narcotraficante.
Se me ocurren varias razones para “rodear al Presidente”, como dicen los periodistas: la soberanía, la dignidad, la reputación del país… Y lo que un Primer Mandatario significa en una sociedad democrática, que es la unidad nacional. O sea: el presidente, según el mito fundacional de la democracia, representa a cada uno de los ciudadanos por el efecto simbólico que produce la elección popular.
Pero Petro no puede unir al país, ni siquiera si hubiera algo de cordura en la clase política, que no hay.
No puede porque ha trabajado sin darse tregua para dinamitar la dignidad de su cargo. No ha sido solo cuestión de no gobernar con rigor y responsabilidad, que ya es de por sí un motivo de pérdida de representatividad y respeto.
Ha sido un esfuerzo sistemático por cavar el hoyo en el que ahora se encuentra y en el que, de paso, va arrastrándonos a todos.
- Que mantenga a Benedetti en el Gobierno y a Ricardo Roa en Ecopetrol
- Que agite orgulloso la bandera de “guerra a muerte” a nombre de la cual Simón Bolívar mató españoles, canarios y a todo negro o mulato a favor del rey.
- Que no condene a Maduro en su gobierno robado como sí lo hicieron otros presidentes de izquierda.
- Que televise la comedia de su gabinete de ministros atemorizados y sin experiencia.
- Que diga que de las grandes mujeres son aquellas capaces de acompasar el clítoris con el cerebro
- Que su verborrea errática nos mantenga en el filo de la risa y la perplejidad.
Todos estos son hechos (pocos de tantos) que componen una historia de irrespeto del gobernante a sus gobernados y a sí mismo en cuanto a las palabras que ha dicho; algunas, grabadas en piedra, como la promesa de no convocar una constituyente.
Por eso es que uno siente que debe rechazar con vehemencia la inclusión de Petro en la lista OFAC y al mismo tiempo, envuelto en un ovillo de rabia y de vergüenza, ve que ni la lengua ni el cuerpo le obedecen para defenderlo.
Piensa uno también que como el líder planetario que es, en su inmensidad y trascendencia, provocó a su homólogo en tamaño y significancia, el otro rey universal, que andaba dormido o dándonos la espalda.
“¿Peligroso? Peligroso es un loco con un palo”, dicen en Antioquia cuando quieren tranquilizarte ante un miedo infundado. Si uno juzga lo visto y lo dicho, Petro y Trump andan silvestres blandiendo cada uno su bate. La evidencia deja claro quién lo tiene más largo y las solas proporciones deberían tener desplegado un ejército diplomático con miras a remediar y revertir los hechos. Pero entre tantas cosas dichas está aquella sobre la irrelevancia del inglés y los estudios como requisitos para integrar los servicios exteriores del país. Para la muestra, una Canciller sin visa ni segundo idioma.
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