Hace algunos años una terapeuta me enseñó algo que se quedó grabado en mi: la empatía, esta palabra tan sobre usada desde hace unos años, no es ponerme en el lugar del otro, eso es imposible desde un punto de vista físico, es intentar ponerme en el lugar del otro. Esa empatía fue la que sentí recientemente al ver un video donde aparece una madre de uno de los jóvenes asesinados por el ejército colombiano en la práctica espantosa, macabra, retorcida, denominada como los “falsos positivos” o ejecuciones extrajudiciales.
En el video se observa una escena en un auditorio en Putumayo; la madre, María Dolores Sánchez, quien durante veinte años buscó a su hijo, Giovanny Arias Sánchez, asiste a una audiencia ante la Jurisdicción Especial de Paz- JEP-. En el video se ve a esta mujer de pie, vestida con camiseta blanca con la imagen de su hijo estampada- como muchas de las asistentes, casi todas mujeres- expresando a gritos el dolor que siente por el asesinato de su hijo. Los restos del muchacho fueron encontrados en una fosa común en diciembre pasado, luego de veinte años de desaparecido. Ella clamaba: “me duele en el alma, me duele,… no saben cuánto daño han hecho, por lo menos a mí, un ser que yo amaba… no saben cuánto, me han quitado parte de mi vida, parte de mi alma, le digo señor con toda mi alma lo odio, lo odio, lo odio con todo mi corazón, porque ustedes no saben cómo es que a uno le arranquen a un hijo en esas condiciones, un hijo que era bueno,…un hijo que me amaba … veinte años sin saber dónde estaba, y ya me lo habían matado, yo no sabía, eso no es … usted no tiene conciencia… usted tiene hijos, el día que le arranquen a su hijo, o a su madre, pero como le va a doler… pero no, usted no tiene alma señor”
Ella le habla, entre sollozos, al coronel retirado Germán León Durán, quien recoció ser responsable de 30 ejecuciones extrajudiciales, entre 2005 y 2006, incluyendo la de Giovanny.
El juez de la JEP la interrumpe varias veces, le pide que se siente y cuando ella le responde, él dice que la entiende. La verdad, no sé si la entendió en aquel momento, creería que no. Intentar ponerse en el lugar de esta madre, que luego de veinte años, concientiza que su hijo desaparecido, no habita este mundo desde aquel momento en que ella dejó de tener noticias suyas. ¡Desgarrador! No hay más esperanza, solo una realidad aplastante.
Cuando vi el video por primera vez, sollocé, me estremecí, alcancé a atisbar el dolor de esa madre. Imaginé que algo así pudiera suceder a mis hijas, entonces sentí un dolor aún más fuerte, más contundente. Si, alcancé a comprender con mayor amplitud aquello de que la empatía no es ponerme en el lugar del otro, si no intentar hacerlo porque, como en el caso de los falsos positivos, es un deber ético hacerlo. Y por eso doña María le dice al coronel que, él tiene hijos, que piense en que pierde a alguno, a algún ser querido. Le está pidiendo que sea empático, que sienta, si es que puede, el dolor que ella ha sentido tras la pérdida de su hijo, en esas horribles circunstancias. Ella está expresando un dolor profundo, un dolor del alma. Y en esta primera etapa de su duelo, cuando ella dice que lo odia, es entendible. En esa elaboración de la pérdida, lo primero que sale a relucir es la rabia y el dolor.
Creo que en Colombia nos hace falta mucha empatía. El dolor de la guerra, que ha cobrado tantas vidas, nos ha vuelto insensibles. La polarización y la pos verdad nos han alejado de unos acuerdos mínimos sobre lo que significa la dignidad humana. La discusión no se puede centrar en el número exacto de casos de falsos positivos, tampoco en quienes pretenden seguir buscando justificaciones que terminan revictimizando. La realidad de los hechos, como nos los recuerda dolorosamente doña María Dolores, nos debe conminar a acercarnos como colombianos para tratar de entender lo que nos ocurrió, de buscar la verdad, el arrepentimiento, la reparación, la sanación y, finalmente, una reconciliación sincera y profunda.
A doña María Dolores, le deseo que encuentre pronto su paz interior. Que logre perdonar, no para la tranquilidad de los verdugos de su hijo -asunto que ellos deben resolver por sí mismos si en su conciencia pesa, si no para la sanación de su propio corazón.
Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/piedad-restrepo/