Dime en quién crees y te diré quién eres

Menos de un mes para las elecciones legislativas del domingo ocho de marzo. El movimiento político Creemos, del alcalde Federico Gutiérrez, aspira a alcanzar por lo menos el umbral del 3 % y un senador que, por ley, lo llevaría a obtener la personería jurídica que lo acredite como partido político. A la cabeza, Juliana Gutiérrez, hermana de Fico, seguida de Andrés Felipe Bedoya y otros tantos amigos y exfuncionarios de las administraciones del nuevo cacique político antioqueño.

Pero el umbral de la lista al Senado está lleno de dudas, a pesar de estar encabezada por alguien con los apellidos Gutiérrez Zuluaga. No llegar por lo menos a un escaño en la Cámara Alta acomodaría a su justa proporción al movimiento del alcalde: un equipo de presencia regional, si me apuran apenas distrital, poco relevante en lo nacional y profundamente atado a la figura de quien hoy está en el gobierno y no en los tarjetones.

El panorama de la lista a la Cámara de Representantes por Antioquia es un poco más augurioso, aunque no del todo favorable. El umbral parece estar, pero una votación arrasadora no han de sacar. Los más optimistas dan por hecho dos curules. Fico, amordazado —por lo menos en apariencia— por los deberes de su cargo de no inmiscuirse en política electoral, sabe el agua que lo moja y, por interpuestas personas, ha desplegado una serie de acciones, necesarias y, por qué no, desesperadas, para tratar de sobreaguar.

Primero apeló a la vieja carta del político tradicional y de estructura: tratar de endosarle capital político a la familia. Pone a su hermana Juliana a la cabeza del Senado y a su primo José Miguel Zuluaga en un lugar de la lista a la Cámara por Antioquia. El relato común de sus candidatos es ser o haber sido: el amigo de Fico, el profe de Fico, el secretario de Fico, y un largo etcétera de cercanías que esgrimen un montón de desconocidos que quieren, de forma casi parasitaria, hacerse con unos cuantos votos que los pongan en juego o, por lo menos, hagan honroso el ejercicio.

Otra de las estrategias a las que se recurrió fue respaldar apresuradamente al segundo en las encuestas: el abogado Abelardo de la Espriella, el outsider que hoy las encuestas ponen en segunda vuelta enfrentando a Iván Cepeda y a quien, además de varias estructuras políticas tradicionales a lo largo y ancho del país, también rodean acusaciones sobre la procedencia de sus dineros.

De ese supuesto abogado con aire de cosa nostra se desprenden su oficina de abogados, su marca de ropa y licores, inversiones inmobiliarias y un largo etcétera de sociedades que, a decir verdad, y como probó recientemente La Silla Vacía, dan pérdidas y no las suntuosas ganancias que le permitirían a alguien darse una vida de magnate. Por el contrario, aparecen como un velo de alquitrán acusaciones de corrupción, de estafa, de negocios atados al testaferro Alex Saab, volteo de tierras en favor de paramilitares y otras tantas aberraciones de las que pruebas concretas no se han puesto ante autoridades, pero que el mismo De la Espriella no rebate, y muchas voces de ese mundo del hampa reafirman, como recientemente lo hizo el estafador Murcia Guzmán.

El fiquismo, que a decir verdad no ha construido nada trascendental en política —ni un gran relato ni una gran transformación de ciudad—, se aferra al salvavidas de apostarle al gallo que ellos creen ganador. Mala táctica, toda vez que la carrera es larga y, luego del ocho de marzo y con consultas —en las que, a propósito, no está el autodenominado tigre—, habrá que volver a barajar. El todo por el todo.

Lo que sí se perdió desde ya es el relato de aspirar a ser algo diferente a los vicios de la política, esos que ven en Quintero o Petro y que hoy replican: haciendo campaña en camionetas del Concejo, llenando plazas con contratistas, metiendo a la familia en las listas y, descaradamente, haciendo campaña con la estructura institucional. A lo menos se esperaría una inspección o vigilancia del Ministerio Público.

Porque al final, más que un proyecto político, lo que parece estar en juego es la supervivencia de una marca personal. Y cuando un movimiento depende exclusivamente de un apellido, no estamos ante un partido: estamos ante una franquicia electoral. El ocho de marzo no solo se mide un umbral; se mide si Creemos es una convicción colectiva o apenas una extensión del poder de turno. 

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/samuel-machado/

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