De feminista a feminista

Estoy inquieta con nosotras, queridas lectoras. No entiendo muy bien qué está pasando con ciertas mujeres que se hacen llamar feministas y que al parecer no ejercen sino cuando es cómodo hacerlo. Andan buscándole la caída a la única candidata presidencial mujer, y todo ¿por qué?

No he podido entender y aunque lo he intentado sigo en la pregunta de por qué las ganas de darle palo a Paloma Valencia. No entiendo la lógica de acabar con la única mujer enfrentada a dos poderes masculinos que no han demostrado, ni en sus propuestas ni en sus formas, nada distinto a lo que ya fue o a lo que no queremos que sea. ¿Cuál es el argumento para decir que ella no nos representa? Que pena mi ignorancia, pero ¿qué es lo que ella ha hecho mal? ¿Los techos de cristal solo se rompen cuando quien los rompe les agrada?

Los puntos que llevan a que no la acepten algunas —porque debo decir que no todas— a ella y a Oviedo son, en resumen, tres: sus posturas sobre el aborto, sobre el matrimonio homosexual y la adopción de parejas del mismo sexo, y la relación que tiene con Uribe, a quien le ha dicho «mi papá». Craso error en el mundo del espectáculo, que no perdona.

Sobre los primeros dos puntos, aunque ella ha tratado de ser clara, parece que todavía no se entiende que frente a los derechos de las personas del mismo sexo pasa lo mismo que con el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo: ella puede tener una opinión personal —como su mamá o como cualquiera— que dice con claridad, pero eso no significa que vaya a cambiar o a retroceder en ninguno de los derechos ya adquiridos de estas poblaciones, y es por eso que menciona constantemente a la Corte Constitucional. Y no lo hará por dos razones fundamentales: porque no es legisladora y se está postulando a un cargo del ejecutivo que no puede legislar, ni por decreto, sobre estos temas; y segundo, porque se ha comprometido a no retroceder en derechos individuales, lo ha dicho en todas las entrevistas.

Sin embargo, y sabiendo que hay que ser escépticos porque este es un país presidencialista y que por ello a la gente le importa lo que piensen los candidatos sobre estos temas, es importante decir —para que no haya temores colectivos— que el gobierno actual ha demostrado de sobra que ni siquiera siendo presidente se puede promover una reforma por decreto, porque hay un contrapeso en las Cortes y el Congreso de la República.

Es importante, sí, que la gente haya votado en el Senado y en la Cámara por personas que busquen que estos derechos se mantengan y se garanticen normativamente. Eso es madurez política: jugar con los pesos y los contrapesos.

Sobre la mención a Uribe cuando Paloma dijo que es como «su papá», dos cosas. La primera es que si ese es el rasero para descartar candidatas, entonces descartemos a todos los que tienen relaciones con sujetos del conflicto armado de Colombia y votemos en blanco. Así ganaría históricamente el voto en blanco, o ganará quien no tiene mujeres en su fórmula.

Pero si esa no es su jugada democrática por cualquier razón, entonces hagamos esto sin doble rasero moral. Porque no las he visto criticando a todos los colectivos feministas y a las mujeres que han trabajado con excombatientes de guerrillas al margen de la ley. No sé por qué le dan más duro a unos crímenes que a otros, y por qué no podemos mirar a unas mujeres con independencia de sus líderes y a otras no.

Y en segundo lugar, es importante escuchar lo que la candidata dice cuando las feministas le han preguntado sobre Uribe: ella ha dicho que no está subordinada ni a ese ni a ningún hombre, pero que desafortunadamente lo ha tenido que «usar» para que la escuchen en un escenario laboral machista como lo es la política, en donde sigue pasando que no nos oyen como mujeres si un hombre no nos da un espaldarazo. Cuestión que debería preocuparnos no por ella ni por Uribe, sino por una cultura que sigue silenciando a las mujeres si no tienen padrino hombre.

El feminismo es una pregunta abierta, es global, no es un fenómeno colombiano y como tal no está circunscrito a un partido. No pueden decir que las feministas no apoyan a uno u otro candidato, porque este movimiento no es un partido político, aunque sea profundamente político: que son dos cosas muy distintas. Pero sí me cuestiona la formación política feminista que estoy encontrando, en la que, de la manera más pop, se desprestigia a una candidata mujer por parte de otras mujeres y se rebusca cualquier tipo de argumento para no ir a votar por la derecha.

Créanme que a mí también me cuesta hacerlo, me incomoda. Pero ser feminista nunca ha sido cómodo.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/juana-botero/

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