Me gusta husmear —o mejor dicho— indagar con arte y disimulo. Como reportero viví un buen tiempo escondido en la tercera persona. Hoy escribo desde una voz que ya no se camufla, que entiende que la palabra correcta dice y decide.
Mi columna no da rodeos: arranca con una pregunta. Después, te doy contexto —propio, sin disfraz—. Y al final, si todo sale bien, te dejo una idea que ojalá te haga frenar y decir: “¿Será que esto lo habíamos pasado por alto?”