En la medida en que se acercan las elecciones presidenciales y se mueve el tablero político, líderes de opinión y ciudadanos del común acomodan sistemáticamente sus discursos a sus intereses y decisiones, a veces de manera ridícula. Se maquillan a conveniencia los candidatos y se hace todo tipo de malabares ideológicos para justificar el voto, así no sea por convicción sino por utilidad: por el menos malo.
El caso más emblemático es el de Paloma Valencia, “la moderada”, como tituló el colega Mario Duque una columna reciente en este medio, que les recomiendo leer. Ahora dice que “no es ni de izquierda ni de derecha”. Posa de ecuánime cuando su carrera política está marcada por discursos y decisiones reaccionarios, de extrema derecha, como su partido, el Centro Democrático, que no es ni lo primero ni lo segundo.
Ha propuesto, entre tantas cosas, separar al Cauca en dos, uno para mestizos y otro para indígenas; bloquear, a los indígenas que protestan en las vías, el acceso al agua y la alimentación. Se ha opuesto a la llamada “ideología de género” y a la negociación con las antiguas Farc. Niega el genocidio en Gaza, que haya existido conflicto armado en Colombia, y, peor aún, los falsos positivos. Se opone también a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y a abrir diálogos con grupos al margen de la ley: solo les ofrece sometimiento y plomo.
Ahora dice querer a los petristas, cuando no ha parado de hostigarlos. Cosa que según afirmó Miguel Uribe Londoño públicamente, también hizo con su hijo Miguel Uribe Turbay en los meses previos a su asesinato. Si Abelardo de la Espriella quiere “destirpar” a la izquierda, Paloma, con posturas como las citadas, la quiere aniquilar.
Pero Paloma no necesita fingir moderación. Juan Daniel Oviedo, su fórmula vicepresidencial, y todos los godos de centro que han salido del clóset político, se están encargando de maquillarla como ponderada, incluyente, respetuosa y tolerante. Como la que es capaz de tender puentes y unir, así su discurso sea polarizado, polarizador y extremista.
Es lamentable para la democracia ver como personas con algo de formación política, conocimiento de la historia reciente del país y de tantas atrocidades cometidas por el uribismo, empezando por su caudillo y “papá” político de Paloma, se escuden en la moderación para justificar su voto por ella: la elegida de Uribe. La misma que, si gana, será además su subpresidenta, porque si en campaña lo consulta todos los días, cómo será si llega a la Casa de Nariño. Le obedecerá incondicionalmente a su amo, como lo ha hecho a lo largo de su carrera política.
Claro que se puede cambiar de posición y que, en una democracia, es tan respetable votar por Paloma como por cualquiera de los otros trece candidatos del tarjetón. Pero lo que es ridículo es tanto contorsionismo político para esconder la verdadera razón por la que no son capaces de votar por Iván Cepeda: su fobia a la izquierda.
No escuchan a Cepeda, sino a los prejuicios que tienen sobre él: una imagen editada por los medios del establecimiento, como quedó en evidencia con el reciente escándalo por lo que dijo de Antioquia. Aunque los elogios fueron tres veces más extensos que las críticas, le mutilaron su discurso y sobre eso lo atacaron implacablemente.
Creo que son muy pocos los críticos de Cepeda capaces de ver la entrevista completa que le hizo recientemente Daniel Coronell, en la que muestra su talante como candidato presidencial. Y no de Petro, como dicen, sino de su partido, el Pacto Histórico, como él lo aclara. Como en el discurso, veremos en los debates y en la práctica quién es más respetuoso de la democracia y de las libertades: si la “moderada” Paloma, o “el candidato de las Farc”, la forma despectiva y reduccionista a la que se refieren a él los mismos que exaltan la moderación.
Esos mismos que deben estar rezando porque De la Espriella no le gane a Paloma. No saben cómo justificarían su voto por “el abogado de la mafia”, a lo que también lo reducen irrespetuosamente los moderados. Porque, aunque digan que no, si pasa Abelardo y no Paloma, van a votar por él.
Si las personas que se dicen de centro y van a votar por Paloma, que ahora la maquillan y le lavan la cara, tuvieran dignidad y carácter político, votarían en primera vuelta por Fajardo, que es el mejor representante de este espectro político, y en la segunda en blanco o se abstendrían.
Si tuvieran dignidad, por lo menos dejarían la cosmética y el contorsionismo político y simplemente dirían que votan por Paloma y punto, sin mucha explicación. Sabemos que les genera urticaria la izquierda y Cepeda, que son mucho más y mejor de lo que les endilgan. Pero como sus ideas y sus gentes les huelen a pobre, es mejor ampararse en el ridículo pretexto de la moderación, para ocultar la aporofobia, el clasismo y el racismo que siguen destilando.
Ah, y el machismo, porque ahora exaltan a Paloma por ser mujer, pero vaya a que sea una de izquierda, como Carolina Corcho: jamás votarían por ella.
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/pablo-munera/