Conducto regular

6 de abril de 2026

Buenos días, Dra. Chaos-Gómez

Espero esté bien. 

El motivo de este correo es manifestar mi inconformidad con una compañera de oficina. Entiendo que este es el conducto regular para adelantar este tipo de situaciones. En esa medida, procedo a exponer detalladamente las razones del presente embrollo:

  1. El pasado 5 de febrero, la señora Lüge, con cubículo número 57, recibió a la familia Vázquez-Velásquez tras el diagnóstico de cáncer terminal de la abuela de dicho grupo familiar. La señora Lüge, y esto me consta por la queja de una sobrina de la familia, sugirió mentir sobre el diagnóstico y no comunicárselo a la abuela. Se trata de una inaceptable falta a la verdad e, incluso, un posible delito. 
  1. Con ese tipo de conductas la señora Lüge se ha salido con la suya en varias ocasiones. Yo cumplo el reglamento y el procedimiento establecido al pie de la letra y, sin embargo, cuando los pacientes me ven, actúan como si un rayo hubiese caído a un metro de distancia. ¡Como si decir la verdad estuviera mal! Entiendo que ese acercamiento a la mentira es lo que hace que los pacientes prefieran acudir a la señora Lüge. Pero, Dra. Chaos-Gómez, ¿qué es eso si no corrupción?
  1. Lo narrado en el punto No. 2 parece indemostrable, pero tengo pruebas. Se trata, con todo, de una conducta sistemática que, mi deber con la ética y el reglamento me exige denunciar. 

Cordialmente, 

Magola Morales

Phd. MM. A+

9 de abril de 2026

Buenas tardes, Dra. Chaos-Gómez

Espero esté bien. 

Sobre el correo de la señora Morales, con cubículo número 24, procedo a ejercer mi derecho de defensa: 

  1. Sobre lo sucedido con la familia Vázquez-Velásquez: 

La señora Estela Velásquez tiene un diagnóstico de cáncer de estómago según el cual tendría entre dos y tres meses de vida. En conversación con sus dos hijas y su hijo, se acordó que, independientemente del procedimiento regular, se le informaría que se trata de un mero caso de diabetes.

  1. Sobre la supuesta sistematicidad de la mentira

Debo confesar que, en efecto, ha sido una práctica recurrente. La verdad no alcanza. La verdad, en ocasiones, espanta. El logro está en decirla oblicuamente. No tengo leyes ni reglamentos a mi favor, pero sí un par de versos de Emily Dickinson: «Que la verdad deslumbre gradualmente, no sea que nos quedemos ciegos». 

En estos casos en los que la verdad es demasiado pesada, la mentira no es engaño. La mentira activa una actuación, un rol, un esfuerzo y una atención especial por parte de la familia para distribuirse la carga emocional. La mentira, aquí, es cuidado. Evitar que el águila de la verdad (o de la muerte, en este caso) se pose sobre los hombros de la abuela. La familia carga el peso por la abuela. La mentira es un abrigo, un escudo, un abrazo. 

En fin, doctora, ¿sabía que «demonios», en griego, equivale a δαńμovας, que significa «los que saben»? Quizás sea mejor, en ocasiones, no saber. 

Cordialmente, 

Amparo Lüge

No. 57

20 de mayo de 2026

Veredicto: 

La señora Lüge fue hallada culpable por la violación de la ley y el código de ética y disciplina nacional en el caso de la familia Vásquez-Velásquez y otros. Fue removida del cargo, tal como señala la ley, y, en paralelo, enfrenta un proceso disciplinario por corrupción. ¡Se hizo justicia!

P.D. 

¿Qué conoce la poesía que desconoce la ley?

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/

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