Las elecciones a Congreso son igual o más importantes que las elecciones a la Presidencia.
La votación de los ciudadanos, así como la de los congresistas, le otorga precisamente el carácter democrático a la República. Colombia elige en menos de un mes, a los próximos senadores y representantes a la cámara para el período 2026-2030.
En el congreso están representados los ciudadanos de una forma mucho más amplia que la del presidente, que se concentra en una sóla persona. El Congreso expresa con mayor fidelidad la pluralidad del país. Mientras la elección presidencial tiende a polarizar en dos grandes opciones, la legislativa permite matices, nuevas fuerzas, liderazgos regionales y proyectos programáticos específicos, lo que también le permite ejercer mejor su función de control político. Por eso las elecciones del 8 de marzo son estratégicas. Allí se definirá si el próximo presidente contará con una bancada propia o deberá construir mayorías. Se decidirá si habrá contrapeso efectivo al próximo presidente o un alineamiento con el gobierno por parte del próximo congreso.
Las listas al Congreso reflejan liderazgos regionales territoriales y sectoriales. En un país con profundas desigualdades territoriales, la representación parlamentaria incide en la asignación de recursos, en la priorización de proyectos, entre otros aspectos. Votar bien al Congreso no es solo una decisión ideológica; es una decisión estratégica sobre quién defenderá con competencia técnica y ética los intereses colectivos de un territorio o de un sector de la población.
El compromiso ciudadano, entonces, es doble. No basta con elegir un rostro para la Presidencia; debemos examinar hojas de vida: formación, experiencia y propuestas de quienes aspiran al Congreso.
Hay congresistas investigados por corrupción buscando reelegirse. Si el ciudadano se desentiende, otros votan por él: contratistas, clanes, redes clientelistas y estructuras que convierten el estado en un botín. A eso se suma que el 8 de marzo también habrá 3 consultas interpartidistas. Esto mezcla dos lógicas en la misma jornada: la elección legislativa y las “primarias” como llaman también a las consultas. El riesgo es obvio: que muchos ciudadanos voten Congreso con el piloto automático, concentrados en la consulta presidencial del tarjetón adicional, y dejen el Legislativo en manos de la política tradicional.
Se necesita un compromiso con el congreso por parte de los ciudadanos a la hora de votar y un congreso con compromiso por la sociedad al momento de legislar.
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