Las banderas de la descentralización no son nuevas. Es una deuda pendiente desde la Constitución de 1991 que, más que discursos, requiere coherencia. Implica renunciar a la concentración del poder, y eso no es fácil para nadie.
El gobernador de Antioquia, Andrés Julián Rendón, ha querido abanderar esa causa impulsando un referendo que terminó mal: su propio partido ayudó a hundirlo. Aun así, insiste en hablar de justicia tributaria para los antioqueños.
Lo que parece no advertir Rendón —o prefiere omitir— es que el centralismo dañino no solo se ejerce desde Bogotá. También puede replicarse, con el mismo vicio, desde los gobiernos departamentales.
Ese es el centralismo de alpargatas: el que se disfraza de regionalismo, pero concentra el poder y los recursos en pocas manos dentro del mismo territorio. No se gobierna desde la Casa de Nariño, sino desde un despacho en La Alpujarra, pero con la misma lógica de exclusión y favoritismo.
El diputado Luis Peláez lo ha señalado con ejemplos concretos. Primero, la inversión millonaria de la Tasa de Seguridad en escenarios deportivos de Envigado, uno de los municipios con más holgura presupuestal del departamento. Y más recientemente, la concentración de los mejoramientos de vivienda en pocos municipios, dejando por fuera a otros que los necesitan más.
La verdadera descentralización arranca por trabajar con todos. En el fondo, tiene un poder transformador: elimina la intermediación política. Quita a los congresistas del medio cuando se trata con el gobierno nacional, y a los diputados cuando se trata con el gobernador.
Ya no más esa escena absurda de alcaldes rogando una cita en Bogotá, entrando casi de rodillas a un ministerio para mendigar recursos. El ridículo llega al punto de que un alcalde de sexta categoría gasta más en tiquetes que lo que logra gestionar. Ese modelo solo alimenta la intermediación política.
Mucho cacarean amor por la tierra, pero apenas la pisan se les pega el barro. Si la descentralización es justicia, entonces debe comenzar por invertir donde más duele, no donde más votos hay.
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