El tabaco. El tronco de una ceiba. La madera. La mesa redonda de un comedor. La puerta de una habitación. El río Magdalena, el río Cauca, el río Amazonas, el río Orinoco, el río Misisipi, el río Huangpu, el río Medellín tras el aguacero… el río. La tierra. El corcho del vino. Las manos que siembran un árbol, una planta, una cosecha. El tiempo refugiado bajo las uñas, el dolor de la ampolla hecho callos.
El café. Tomarse un tinto al amanecer. Después del almuerzo. Al atardecer. Compartirlo con un chocolate, un cigarrillo, un libro, una historia. Leer. La poesía. El burro. “El poema va en burro”, escribí en las notas del celular después de ver una serie de antiguas pinturas chinas. Las pinturas retrataban paisajes montañosos atravesados por poetas y sus burros. Como los arrieros y sus mulas. Equus Asinus—Equus Caballus es el nombre científico de la mula y el nombre del último álbum de Men I Trust.
Una biblioteca. Mi favorita hoy está convertida en una pálida oficina. De literatura a palabras encarceladas en iso, apa, icontec. Una sala de audiencias. La mierda que, para mucha gente, trae consigo el momento más apacible del día. Un oso grizzly. Un búho. Un tambor. Una guitarra. Un venado. Las bancas de una iglesia. De pequeño llevaba carritos para ponerme a jugar en ellas mientras pasaba la misa. Me gustaban las que tenían bordes curvos. Las rectas no me dejaban hacer pistas. ¿Qué se puede jugar mientras pasa la vida?
Canela, la labradora de la familia. Un bel morir de Maqroll el Gaviero. Una flor marchita. Las tórtolas… ¿las han mirado a los ojos? Háganlo con precaución. Mis ojos. La gorra de mi abuelo. Mi chaqueta favorita. El color que utilicé en el matrimonio de mi hermano. El principio de Latá-Latá. El Viejo y el Mar. Un templo. La hojarasca. Como el poema de Verónica Gerber, Hojas secas:
Fósiles de
la gravedad en el
espacio-tiempo.
El nido de un pájaro. Un quisco. Un techo. Un croissant. El pollo Frisby. El cobre. Una guayaba podrida. El óxido. Un sueño que ya no tiene cuándo. El pasto que se seca. El cascajo. Un establo. Una ardilla buscando comida. Un pasaporte colombiano, turco o austriaco.
Al café se puede llegar mezclando rojo y verde. A la mula se puede llegar mezclando burro y caballo. A la biblioteca se puede llegar mezclando azul, rojo y amarillo. A la hoja seca se puede llegar mezclando tiempo y espacio. Al poema se puede llegar mezclando azul y naranja.
¿De qué color es el café?
Otros escritos de este autor: https://noapto.co/martin-posada/