Bad Bunny y las fallas del mercado

Debimos tirar más fotos de los precios de Airbnb en Medellín para que recordemos siempre qué puede pasar cuando no se controla la avaricia, cuando el mercado se “autoregula” y extiende su abuso a personas que se encuentran en situación de vulnerabilidad  debido a — y en esto hay debate— una demanda inelástica y un poder de mercado extraordinario. En redes sociales vimos apartamentos en Medellín en los que un fin de semana valía 167 millones de pesos. La pequeña Detroit devenida en vulgar Dubai con sus lujos obscenos.

La historia de los precios del hospedaje el fin de semana del concierto de Bad Bunny será una anécdota más cuando, en los próximos días, la espiral de la indignación de entrada a un nuevo escándalo. Pero a pesar de que se va a diluir la rabia por el abuso de los poderosos en el mercado, hay dos conversaciones que deberían quedar en el debate público. 1. El modelo de ciudad que debemos construir dada la imparable turistificación de Medellín. 2. ¿Cuáles son las acciones para evitar un poder de mercado como el que se presentó el pasado fin de semana y que derivó en abusos?

Estos dos asuntos son en realidad el mismo. Las fallas de mercado conversan con la planeación urbana en Medellín, la política de suelo y la vivienda como bien social, no como mercancía en el contexto del auge del turismo. Lo que vimos este fin de semana es la materialización — amplificada por el hecho de tener al artista pop más importante del mundo presentándose en la ciudad— de las dificultades asociadas a la turistificación.    

Pero detengámonos un poco en el segundo. Si cavamos más en la cuestión nos encontramos con que esta también es una discusión sobre dónde debe intervenir el Estado y qué tanto el mercado debe desregularse. En los últimos años este debate se ha revitalizado en parte por la reaparición pública de los fundamentalistas del mercado, que algunas personas llaman defensores de la libertad, o libertarios.

La respuesta libertaria a lo que sucedió en Medellín podría ser más o menos la siguiente: no hay que hacer nada, hay que dejar que el mercado actúe y corrija las distorsiones de precios con sus propias lógicas. La mejor forma de solucionar las fallas es dejar pasar (los abusos) y dejar hacer (a los poderosos). Eventualmente, vía competencia, el mercado — esa fuerza justa, natural y todopoderosa— ajustará los precios. Los libertarios aceptan las tesis antiestado de Ludwig Von Mises y la Escuela Austriaca en general. Si bien las fallas de mercado existen (como que un hotel valga 168 millones de pesos) no se justifica la intervención del Estado porque puede ser, a la larga, más contraproducente que simplemente no hacer nada y dejar que el mercado siga su curso de abuso, supuestamente temporal.  

La otra alternativa de acción frente al abuso de precios es la intervencionista. El Estado debe legislar para que, por ejemplo, se generen topes a los precios de arrendamiento en la ciudad, se prohíba que las plataformas puedan cancelarles a los usuarios y se establezcan una serie de medidas que busquen regular el mercado del hospedaje en Airbnb y similares.

Los formuladores de política pública para Medellín se enfrentan — y lo seguirán haciendo en la medida que está ciudad siga siendo tan atractiva para el turismo— al trazado de los límites del mercado, por lo menos nominalmente. La experiencia ha demostrado que el mejor camino — en el marco de sociedades capitalistas de mercado— es encontrar puntos medios, sortear el complejo balance entre Estado y mercado, alejándose de las orillas tanto libertarias como absolutistas en la intervención estatal.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/juan-pablo-trujillo/

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