Así que sí era cierto

¡Mira tú! ¡Así que sí era cierto!, parecen decir ahora, muchos meses y decenas de miles de muertos después, unos cuantos que por fin han encontrado un ensayo que les dice lo que ya era obvio: la evidente comisión de un genocidio por parte del Estado de Israel en ese territorio que conocemos como la Franja de Gaza, la esquina adonde fueron arrinconando —año tras año, pueblo tras pueblo, guerra tras guerra— lo que fue todo un país.

Pasó que leyeron lo que escribió Omer Bartov. Un ensayo titulado Soy estudioso del genocidio. Lo reconozco cuando lo veo. El texto fue replicado (usé el adverbio ampliamente en una primera versión, pero creo que a estas alturas, esas calificaciones son puro espejismo de los algoritmos) por varios medios de comunicación y algunas cuentas de redes sociales, en especial en Twitter.

Ahora sí podemos llamarlo así, parece que fue su conclusión tras leerlo. ¿Apenas ahora? Dice el propio Bartov: “Esta fue una conclusión dolorosa a la que llegué y a la que me resistí todo lo que pude”. A la que me resistí todo lo que pude.

Supongo, pese a todo, que está bien que suceda. Mejor tarde que nunca, dice la sabiduría popular. Sin embargo, ¿por qué esa resistencia? ¿Qué era lo que lo impedía? ¿No era acaso obvio, desde las primeras acciones, que la respuesta del gobierno de Netanyahu contra el ataque de Hamas era desproporcionada y plagadas de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad? El mismo Bartov lo reconoce en su ensayo.

Pero en el relato —aún hoy— sigue estando la sombra de la duda, la aceptación minoritaria, las escasas acciones reales que permitan, ya no evitar el genocidio, a duras penas evitar que siga adelante. Francesca Albanese, relatora especial para Palestina, pidió a todos los países del mundo que cortaran lazos con Israel. Pasar de lo simbólico a los hechos. La respuesta de Estados Unidos fue imponer sanciones a Albanese.  Está lejos la posibilidad de detener la matanza.

Si con todas las evidencias (los más de 64.000 muertos, las violentas declaraciones del gobierno de Netanyahu, los testimonios) aún hay quien se resiste a llamar el asunto por su nombre (revisen, por ejemplo, El Colombiano: se pueden contar con los dedos de una mano —y sobran dedos— el uso de la palabra genocidio por parte del medio para referirse a la matanza), ¿qué dice eso de la solidaridad contra las víctimas y el rechazo a los victimarios?

Si pese a las imágenes, de la devastación, de las ruinas donde antes hubo vida (!ay, qué razón tenías, Susan Sontag!), aún hay quienes justifican los misiles y los francotiradores que abaten un día sí y otro también a los hambrientos palestinos, ¿con qué cara podemos mirar hacia el futuro y hablar de que este es un mejor mundo?

Si aún hay quienes arguyen que en Palestina no había un gobierno democrático para que les suene menos terrible el genocidio, ¿aún podemos hablar de humanidad?

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/mario-duque/

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