Abelardo es el candidato de Petro. La candidatura de Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) a la Presidencia en 2026 es comparable a la de Rodolfo Hernández en 2022: un fenómeno con alta visibilidad, baja estructura y gran utilidad para su adversario real. En ese momento fue Gustavo Petro (@petrogustavo); hoy, vuelve a ser Gustavo Petro, pero en cabeza de Iván Cepeda (@IvanCepedaCast). La diferencia es que ahora el libreto se conoce y el truco debería ser evidente.
El ingeniero Rodolfo Hernández no ganó la Presidencia, no porque no pudo, sino porque no quiso, pero sí logró algo decisivo en los últimos 2 meses de la contienda electoral: desordenó el tablero, fragmentó a la clase dirigente de ese momento, hoy en la oposición, y allanó el camino para que el petrismo llegase al poder. Pero Rodolfo no fue un conspirador; fue un instrumento de Petro, que sabe muy bien cómo instrumentalizar a las personas. El “ingeniero”, como lo es ahora el “abogado”, fue un “outsider” vociferante, enemigo del sistema en abstracto, incapaz de construir mayorías reales, pero perfecto para desactivar a los candidatos alternativos. Es decir, Rodolfo fue el “caballo de Troya” del petrismo. Abelardo cumple hoy la misma función, con un agravante: lo hace de manera más estridente y menos ingenua.
De la Espriella habla de “destripar” a la izquierda, pero no de colaborar en la construcción de un país diferente. Donde se requiere articulación entre todos, ofrece un espectáculo solitario. Donde se necesitan propuestas, ofrece escándalos mediáticos. Donde candidatos como Fajardo (@sergio_fajardo) le proponen debates, él los rehúsa. Todo esto no derrota al petrismo, por el contrario, lo fortalece.
La comparación de Rodolfo con Abelardo no es solo de forma, sino de fondo. Ambos encarnan una mala idea de la “antipolítica”; reemplazan la complejidad de la realidad por consignas virales; convierten la indignación, ayer con Duque hoy con Petro, en un fin en sí mismo. En ese escenario, Petro no necesita convencer a nadie para que gane Iván Cepeda: le basta con que Abelardo siga hablando y actuando.
Por eso hoy Abelardo es el “caballo de Troya” del petrismo. No porque lo apoye explícitamente, sino porque hace por Petro lo que Petro no puede hacer por sí mismo: caricaturizar a la oposición, empujar a los moderados hacia el voto útil por los extremos o, lo que es peor, hacía la abstención. Mientras Abelardo monopoliza el micrófono con una retórica de trinchera, el petrismo se presenta, otra vez, como el mal menor, el único proyecto con una mínima cohesión.
La historia reciente debería alertarnos sobre este engaño. Abelardo de la Espriella no es la antítesis de Petro: es su coartada. No es la alternativa: es el atajo que conduce a Colombia, inevitablemente, a la derrota. Y esta vez, nadie podrá decir que no lo vio venir, porque es la misma historia que vivimos con Rodolfo en 2022.
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