Abelardo es uno de los dos candidatos de Petro. Una jugada eficaz en política es hacer creer al adversario que está derrotando al otro, cuando en realidad es el otro quien está ejecutando su propio plan. Eso es lo que está haciendo el presidente.
En mi columna “Apetrardo de Troya” (https://noapto.co/apetrardo-de-troya/) advertí que Abelardo de la Espriella (@ABDELAESPRIELLA) es estratégicamente funcional al proyecto político de Gustavo Petro (@petrogustavo).
La encuesta de Invamer (@Invamer) publicada el 26 de abril por Noticias Caracol (@NoticiasCaracol) muestra que De la Espriella pasó de 18,9% en febrero a 21,5% en abril. Por su parte, la medición de GAD3 (@GAD3_com) divulgada el 27 de abril por Noticias RCN (@NoticiasRCN) lo mantiene en 21%, estable frente a marzo. ¡Abelardo tocó techo! Se instaló en un umbral cercano al 20% que difícilmente superará. No crece en intención de voto, no se amplía a la clase política, no construye mayoría con la ciudadanía. Y en política, quien no suma, divide.
Y eso es exactamente lo que está haciendo Abelardo, ser el máximo divisor.
Primero, su discurso no simplifica la complejidad de la realidad, la trivializa. Reduce los problemas estructurales del país a fórmulas punitivas con frases efectistas que esconden medidas autoritarias que están de moda en el exterior.
Segundo, su campaña es personalista. No hay detrás una estructura programática sólida, ni un equipo que refleje diversidad de saberes y experiencias, ni un proyecto político a mediano y largo plazo. Hay un personaje en medio del escenario.
Tercero, su relación con la democracia es peligrosamente instrumental. Abelardo, al igual que Petro, defiende las reglas cuando lo favorecen, pero las desacredita cuando lo limitan.
Cuarto, su discurso es superficial. No hay una comprensión seria de la gestión estatal, de la función del gobierno, de las políticas públicas. Hay una estética de firmeza, también copiada del extranjero, que encubre la ausencia de contenido político.
Quinto, y aquí está el núcleo del problema: su candidatura fragmenta a la oposición. Divide el voto que debería converger, dispersa la posibilidad de una alternativa real y termina apoyando aquel proyecto político que dice combatir.
Ya lo vivimos en 2022 con Rodolfo Hernández. No fue necesario que coincidiera con Petro; bastó con que desordenara el escenario para que el resultado terminase favoreciendo al exguerrillero.
Si Gustavo Petro tiene un candidato explícito, Iván Cepeda Castro (@IvanCepedaCast), también tiene uno implícito, Abelardo de la Espriella.
Uno representa la continuidad, mientras el otro la garantiza con la fragmentación del electorado.
Quienes no queremos que el proyecto del Pacto Histórico (@PactoCol) continúe en el poder no podemos caer en esta trampa; no podemos legitimar una candidatura que divide lo que debería unirse; no podemos premiar el ruido del macho feroz que opaca la voz femenina de la alternativa.
Es una decisión política de fondo, a mediano y largo plazo, que no se puede quedar en el accidente electoral que en el corto representa Abelardo.
Hoy, votar por Abelardo es, en la práctica, votar por Petro.
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