Ha pasado una semana desde que las urnas le dieron un triunfo apretado, muy apretado, a Abelardo De la Espriella. En estos 7 días Iván Cepeda reconoció los resultados y advirtió al presidente electo que la defensa de los derechos y los logros sociales sería activa y contundente. El presidente Petro deliró por Twitter, reconoció a regañadientes que abandonaría el “frío palacio” y se autonombró jefe de la oposición. El presidente electo, por su parte, empezó a anunciar nombramientos y los “nunca” se están pareciendo mucho a “los de siempre”. De la Espriella también se reunió con las Altas Cortes, sin la JEP, y dejó claro que no iría a palacio a encontrarse con Petro. Triste, porque creo que la transición pacífica del poder, y la foto que la acompaña, es uno de los momentos más bellos y poderosos de la democracia. Hasta ahora, todo bastante predecible.
Predecible también la reacción de un sector de la izquierda que jamás consideró la posibilidad de entregar el poder y que, consecuentemente, la emprendió con saña y alevosía contra el candidato Cepeda por reconocer los resultados y negarse a incendiar el país. Predecible será la reacción de algún sector de la derecha felina cuando el presidente De la Espriella no cumpla con su amenaza de “destripar a la izquierda”. Para algunos la política es venganza, sin matiz alguno, y todo lo que no sea venganza es traición.
Pienso entonces en cuál debe ser, en los próximos cuatro años, el papel de quienes no somos parte de ninguna “manada” o cuadro político y estamos legítimamente preocupados por múltiples asuntos de nuestro país. No estamos cobrando cuentas ni apostando al fracaso del gobierno entrante, pero mantenemos una distancia crítica y la capacidad de expresar el desacuerdo y, en caso dado, la condena de aquello que no sea legal, ético o pertinente. Parto de que somos la inmensa mayoría, así hayamos votado por opciones diferentes el pasado 21 de junio.
Esa mayoría silenciosa que no tiene que insultar o gritar o maldecir, cuenta con múltiples formas de actuar durante este cuatrienio. Los derechos de petición permiten a cualquier ciudadano obtener información y respuestas por parte de todo funcionario público en un término prudente de tiempo. El Sistema Electrónico para la Contratación Pública -SECOP- que facilita el seguimiento a todos los procesos de contratación del Estado (qué, cómo, con quién, por cuánto) permitirá saber a dónde va la plata y con quién y en qué condicionas se ejecuta. Para saber quiénes serán los funcionarios encargados de la administración del Estado está el Sistema de Información para el Empleo Público -SIGEP-, las páginas de transparencia de cada entidad y los portales de hojas de vida de aspirantes a cargos directivos. El país ha avanzado en publicidad de los actos de gobierno permitiendo que muchos ojos hagan seguimiento a lo que antes era un proceso silencioso y gris.
Toda esa información podrá ser utilizada para ejercer las acciones administrativas y jurídicas de control ante las mismas autoridades, ante los Jueces de la República o en el Congreso como control político. Esa información también será insumo para la prensa que, con limitaciones, sigue siendo un poder público en nuestro país. Estos cuatro años han demostrado que, con imperfecciones e irregularidades, el diseño institucional colombiano permite que haya control, frenos y contrapesos. Un gobierno por creativo y audaz que se crea, no puede hacer lo que le da la gana.
Creo que, en el próximo gobierno como en este, no faltarán los ciudadanos, abogados, periodistas y políticos activos ejerciendo el control en los medios y ante las autoridades y los jueces. Eso es necesario, pero no es suficiente. En un momento de tensión y señalamientos, con narrativas que insisten en que hay dos países enfrentados y con algoritmos y políticos expertos en la fractura y la confrontación necesitamos muchos ciudadanos que estén dispuestos a tejer relaciones y a construir o mantener puentes. Las sociedades, todas, dependen de la capacidad de conversación, intercambio y acuerdos de sus ciudadanos. Es la confianza cotidiana. Los políticos pueden enfrentarse todo lo que quieran (aunque muchas veces son solo puestas en escena), pero los ciudadanos tenemos que seguir encontrándonos en el día a día a desarrollar nuestros oficios, a crear y disfrutar las expresiones artísticas y culturales y a solucionar los problemas locales que no dan espera al gobierno capitalino.
No es cierto que haya dos países con fronteras nítidas (centro-márgenes) ni es verdad que los millones que votaron por los candidatos finalistas desprecian a los votantes contrarios. Lo cierto es que son familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo, clientes, proveedores y en la inmensa mayoría de los casos ciudadanos(as) honestos que hacen grandes esfuerzos por mejorar su situación y la de su familia y que están comprometidos con un mejor país. A pesar de manipulación y muchas noticias falsas, aún (hago énfasis en el “aún”) no consideran al otro votante como una amenaza.
Al control y seguimiento del gobierno de turno, cualquiera sea, hay que sumarle la necesidad de que los ciudadanos ayudemos a sostener e impulsar los encuentros, las conversaciones, la empatía y la capacidad de acción colectiva que mantiene la estructura social. Nos quieren hacer creer que el voto es una marca indeleble que define a la persona y que en algunos casos es signo de altura moral y responsabilidad y en otros de enfermedad y perdición. Simplista y falso.
Recordando a Ruben Blades, “mucho control y mucho amor” tiene que haber en esta casa.
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