Ahora que todos somos hipopotamólogos

No me gustan los dichos, pero este me ha perseguido estos días: no hay más ciego que el que no quiere ver. Ni leer. Ni escuchar.

Me persigue por los comentarios en redes sociales sobre la decisión del Ministerio de Ambiente sobre la eutanasia para controlar los hipopótamos: no alcanzan los argumentos: no se ven ni se leen ni se escuchan.

A mí también me gustan los animales. Me obsesionan los gatos. Me da tristeza pensar, pese a las razones obvias, que mi gato es mortal. Defiendo las abejas de gente que no ha leído sobre lo fundamentales que son. Cuando veo un bicho en la casa abogo por su liberación: lo importante es que salga vivo.

No soy vegetariana, sin embargo. Supongo que crecí creyendo en la cadena alimenticia. Porque el problema no es el consumo de carne, sino el exceso (y eso aplica para el consumo en general). Los métodos de producción (el ejemplo más claro es el de la ganadería), que no están en consonancia con el medio ambiente: dañamos el planeta para producir. Es decir, hay personas que consumen más carne de la que es saludable para su cuerpo (y juntos, para el planeta).

De lo que estoy hablando es equilibrio, que es justamente lo que ya se rompió (hace rato) con los hipopótamos en el Magdalena. También de que hay que escuchar a los expertos. Nadie quiere matar animales porque sí. No se trata de una masacre deliberada porque a alguien se le ocurrió, o porque dijo qué bueno matar animales.

Y por eso, como siempre, son tan importantes las palabras y lo que decimos y lo que retuiteamos y la desinformación que reproducimos. No hay que darle el micrófono a todo el mundo (y esto incluye a los medios de comunicación).

Recuerdo que en 2020 una periodista escribió un artículo en El Colombiano, donde trabajábamos, que se titulaba ¿Hipopótamos de la Hacienda Nápoles deberían ser cazados? Y sí, era la conclusión de los expertos, que no era nueva.

En otro artículo de la misma periodista, de solo dos meses de diferencia, por ejemplo, se hablaba de que a los hipopótamos, como a los rinocerontes o grandes reptiles, se les llaman bioingenieros: pueden transformar el paisaje. Y pues que ya había una investigación que revelaba que los hipopótamos estaban transformando los humedales.

Traigo las dos notas a colación justo por eso: fueron escritas hace seis años. Los problemas de los hipopótamos han sido claros desde hace mucho tiempo (más de veinte años). Lo que ha pasado es que el problema se ha ido creciendo (como los hipopótamos). 

Y aunque es cierto que ellos no tienen la culpa de la irresponsabilidad de un alguien que los trajo, y de la incapacidad de una solución a tiempo por parte del resto de los humanos, pues hay que aceptar que la situación es grave, está afectando el ecosistema y a los campesinos de la zona. Y que cada vez es peor.

La bióloga Nataly Castelblanco, que es una voz autorizada, con más de 22 años en investigación y conservación de mamíferos acuáticos, PhD. en Ecología y Desarrollo Sustentable, y que hace una labor muy importante de divulgación, dijo en X (@@N_CastelblancoM) (y tiene muchos tuits al respecto para ayudarnos a entender): “Esto es importante porque han salido a decir que no ha habido ningún esfuerzo de control de reproducción. Se intentaron anticonceptivos inyectables y se hicieron castraciones y traslados. El problema es que, como lo advertimos, no es suficiente. El control letal es necesario”.

La evidencia está ahí si se consultan las fuentes adecuadas (y para listar algunas cosas): al no ser su territorio, no tienen un freno natural y por eso su población aumenta exponencialmente; sus heces agotan el oxígeno del agua y matan la fauna acuática nativa; al ser territoriales desplazan a otros animales, como los manatíes y los chigüiros. Y ya se han intentado varias medidas que no han funcionado: no, no se pueden enviar a otros países (como para dar otro ejemplo).

Así que aquí no se trata de si se quiere o no a los animales, o de indiferencia. Hay decisiones que tienen que ir más allá de la belleza o del sentimiento, y son los expertos los que saben y a los que hay que escuchar (y respetar su conocimiento). Porque la responsabilidad de lo que decimos también es importante (y la mayoría de las veces opinamos desde la comodidad del sofá), y hay que dejar de hacernos los ciegos y los sordos con problemas gigantes. Dejar de pensar que somos hipopotamólogos porque nos gustan sus ilustraciones sonrientes.

Bien se explica en la cuenta Ciencia Tropical, en un post en Instagram, en el que hacen un listado de científicos que han estudiado el tema y sus hallazgos. “Esto no se trata de ‘querer hacer daño’ ni de elegir entre unas especies u otras. Se trata de reconocer que conservar implica, muchas veces, enfrentar escenarios complejos donde el bienestar de todo un ecosistema está en juego”.

Detrás de una decisión así, hay expertos que se han dedicado años a estudiar y lo hacen desde la evidencia y la conversación en equipos interdisciplinarios. No son inhumanos ni indiferentes. Todo lo contrario: son profesionales que aman la naturaleza, la estudian a profundidad y la quieren conservar.

Otros escritos de esta autora: https://noapto.co/monica-quintero/

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