ADLE podría definir cuándo y cómo ganaría la derecha

Como era previsible, dada la proliferación de candidatos de todos los matices, las consultas internas del 8 de marzo movieron fuerte el tablero presidencial colombiano, especialmente en la derecha, que, muy probablemente, como lo he reiterado en otras columnas y espacios, pondrá el próximo presidente de Colombia. La cuestión es cuándo y cómo ganaría y esa respuesta la podría tener Abelardo de la Espriella –ADLE, como suele firmarse–.  

Lo que estremeció el tablero fue el relevo en la punta de este espectro político, que hasta hace poco lideraba ADLE, y que ahora encabeza Paloma Valencia. Solo es superada en los sondeos generales por Iván Cepeda –candidato único de la izquierda y del partido de gobierno–, que continúa punteando con una intención de voto que oscila entre el 35 y el 40%.

Mientras Paloma sube constantemente, insuflada por su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo –segundo en la Gran Consulta y la gran revelación de estas elecciones–, Abelardo cae en picada, sin dar señales de rebote.

ADLE estaba seguro de no tener rival de peso en su orilla política –tal como lo revelaban las encuestas antes de las consultas– y se presentaba como el único candidato capaz de ganarle a Cepeda, incluso en la primera vuelta, como lo pregonaba.

Ahora se ve relegado a un tercer lugar en la general, posando de víctima y aceptando, entre líneas, un futuro papel de reparto, como quedó plasmado en una comunicación pública a Paloma Valencia a través de su cuenta X el Sábado Santo. Allí responde a una carta de la primera solicitándole al presidente Petro explicaciones por supuestas interceptaciones telefónicas a ADLE:   

“Que nadie se llame a engaños: el régimen me quiere eliminar físicamente, es la única manera de sacarme del camino. Sé que estaremos juntos: usted (Paloma) conmigo o la manada del Tigre con usted, para derrotar al heredero de Petro, Cepeda, en segunda vuelta”. Una declaración y un tono muy diferentes a los que utilizaba hasta hace un mes.

Sin embargo, aunque veo muy difícil la remontada para ADLE, faltan casi dos meses para la primera vuelta y aún no se puede descartar. Lo interesante, sin embargo, es que aun perdiendo o retirándose antes, puede ganar mucho. Podría ser, como decía el eslogan del partido conservador en otra época, “la fuerza que decide”: en este caso, cuándo y cómo podría ganar la derecha.

Nada despreciable para este outsider, que dice representar a los “nunca” para “derrotar a los de siempre”, entre los que cuenta a Paloma, pero está dispuesto a apoyarla en segunda vuelta: una extrema incoherencia, que es lo contrario a lo que predica como eslogan en campaña.     

Oviedo: el punto de quiebre

Desarrollemos por partes la hipótesis anterior, empezando por el momento de quiebre de esta campaña, que es, sin duda, cuando Paloma Valencia se convirtió en opción viable para presidenta con la elección de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. Hoy, la más fuerte según mi concepto. ¿Cómo lo logró?

No la tenía fácil. Es mujer en un país y en un partido machista, empezando por su caudillo, que por esta y otras razones le coqueteaba a Juan Carlos Pinzón, al propio ADLE, y hasta a Fajardo. El primero no despegó y los otros dos no querían estar bajo el yugo de Uribe. Paloma era más lo que dividía que lo que unía a su propio partido: en unos casos por razones personales (celos) y, en otros, porque sentían que no representaba la mano firme que caracterizaba a la colectividad y necesitaba el país.

De modo que, por descarte, y también por ser sumisa y obediente con Uribe, terminó siendo su elegida, por lo menos para los primeros partidos. Ahí comenzó a ganar y a subir, porque el expresidente no tiene oposición en el Centro Democrático.

Con esa base armaron esa hipérbole llamada la Gran Consulta de centro-derecha, en la que Paloma, literalmente de la mano de Uribe, “su papá político”, con quien hizo campaña hombro a hombro y día a día, iban a la fija. Una jugada maestra. Ninguno de los otros ocho integrantes tenía opciones reales de derrotarlos: ni a ella, ni a Uribe ni a su partido. Ganó sobrada, salió fortalecida y subió otro peldaño. No obstante, persistía la duda de si derrotaría a Abelardo en primera vuelta y, posteriormente, a Cepeda en segunda.  

Pero se les apareció la virgen con Juan Daniel Oviedo. Sin maquinarias, a punta de voto de opinión e impulsado en la recta final por el comentario homofóbico que le hizo ADLE, fue segundo en la Gran Consulta. Obtuvo un 17.7% de los votos, cuadruplicando al tercero entre nueve, que fue Juan Manuel Galán, con 4.6%.

Con astucia y elocuencia se apropió del relato del centro y llenó el vacío dejado por Sergio Fajardo, su figura más representativa, que no participó en ninguna consulta, como tampoco lo hizo ADLE. Craso error estratégico, según muchos analistas, que les menguó notablemente sus aspiraciones presidenciales.   

No obstante, el golpe de suerte de encontrar a Oviedo en el camino traía su dilema: medio país le pedía a Paloma y Juan Daniel unirse para derrotar al fantasma castrochavista que encarnan Petro y Cepeda, mientras una minoría reaccionaria de la derecha le exigía a su candidata coherencia con sus valores tradicionales y descartar a Oviedo. Al final, Uribe y Paloma decidieron tragarse –no sabemos hasta cuándo– las impertinencias ideológicas de Juan Daniel en temas sensibles para ellos (JEP, falsos positivos, ideología de género, entre otros) con tal de derrotar a sus acérrimos enemigos.

En estas condiciones, Paloma y Oviedo anunciaron su fórmula a la presidencia, que promete “sumar entre diferentes”, pero oculta una particularidad frente a otras campañas: esta es una fórmula trinitaria, porque el espíritu no tan santo de Uribe es el que dicta y dictará la primera y última palabra en los temas cruciales. Sobre el papel, será una candidatura de centro-derecha, suficiente para derrotar al que sea; en la práctica, la doctrina uribista, de extrema derecha, permanecerá intacta.    

Pese a todo, esta decisión fue un salto cuántico: subieron tres peldaños, mientras veían a ADLE descender, a Fajardo esfumarse y a la izquierda estancarse. Le rescataron a ADLE la bandera de la mano firme, que siempre ha sido de Uribe, y a Fajardo la de la moderación, con el versátil Oviedo.

Además de los golpes de suerte, del tragado temporal de sapos y de los aciertos estratégicos, la fórmula Uribe-Paloma-Oviedo se fortalece con los errores políticos de sus competidores.  

En las huestes de ADLE insisten con rechazar las maquinarias y los partidos tradicionales en su embuste de la “extrema coherencia”. Una apuesta que oscila entre la candidez y el cinismo, porque ya han recibido a muchos, empezando por Salvación Nacional y Enrique Gómez Martínez, que es de lo más rancio de la política colombiana.

El centro, por su parte, sigue dividido; sin ideología, ni proyecto ni discurso propio; y sin opciones reales. Un fracaso, por donde se le mire. Fajardo, su ícono, se ha dedicado a vender más pasado que futuro, reiterando su trayectoria en administraciones locales y sus capacidades como gobernante. Ambas cosas se las creo, pero se ha mostrado incapaz de sumar, ahí sí, entre diferentes, sin lo cual no es posible ser presidente. Si dobla el porcentaje de 2022 (4.18%) se podría dar por bien servido.   

La izquierda sigue concentrada en fortalecer su nicho, que está cerca de su techo. La diferencia está en el voto de opinión, como el mío, pero no es significativo en porcentaje para ganar en primera vuelta, como creen alegremente, ni para derrotar en la segunda a la derecha. Su atrincheramiento tal vez lo justifique el que saben, en el fondo, que no van a ganar, pero asumirán cada elección como una suerte de plebiscito sobre Petro, su gobierno y su partido.

Para cerrar este apartado, y aun con todos los pros y los contras que señalo de la campaña de Uribe, Paloma y Oviedo, quiero reiterar lo que afirmo desde el entre título: el factor más determinante para que Paloma esté a punto de convertirse en la primera mujer presidenta de Colombia ha sido Juan Daniel Oviedo. Difícilmente tenía una opción vicepresidencial con la fuerza política de Oviedo en ese momento.

De la Espriella: la fuerza que decide

Aún si yo estuviera en lo cierto, este panorama que planteo de un cierre a dos candidatos, Paloma y Cepeda, con triunfo de la primera, no es inmutable, pero creo que tiende a acentuarse. Solo veo dos variables que podrían cambiarlo: una torpeza de candidato o su partido, o una injerencia marcada de Estados Unidos en nuestras elecciones. 

De no haber ninguna de estas sorpresas ¿qué opción le queda a De la Espriella si se mantiene el escenario que planteo? Apelar a lo que más ama un narcisista como él: su ego. Si sigue bajando en las encuestas, no creo que tenga la dignidad de exponerse a una derrota contundente, como la ha tenido Fajardo.

La mejor opción para él –no para la democracia– sería retirarse antes de la primera vuelta –tal vez posando como víctima del gobierno actual, como ya lo ha hecho– y adherir con fuerza a Paloma en procura de ganar en primera –como lo planteó Uribe en una entrevista reciente con Vicky Dávila–, lo cual sería una victoria abrumadora de la derecha. ADLE quedaría como el goleador del último minuto en una final, saldría en hombros y quizá con los bolsillos llenos, porque hay financiadores de campañas que están dispuestos a pagar con creces tan grueso favor.

Si el apoyo es en segunda, pero igualmente decidido, se ve reflejado en la votación y es determinante en el triunfo, habrá anotado el último penalti y también podría reclamar el triunfo como propio.

En ningún caso quedará como perdedor y contará, además, con el apoyo de su fórmula vicepresidencial, José Manuel Restrepo, más godo y uribista que él, y que en sus publicaciones parece regocijarse no solo la idea de la unión, sino con ser quien tienda los puentes entre ambas campañas, para llevarse los réditos políticos.

De la Espriella podría pasar a la historia como el outsider que, sin ganar, libró a Colombia del comunismo castrochavista –que es el coco que nos venden–, o como el descalabro electoral más grande del siglo XXI en nuestro país. Veremos qué le aconseja su ego: si decide perder o, en cambio, decidir cuándo y cómo gana la derecha.

Otros escritos de este autor: https://noapto.co/pablo-munera/

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